Generosidad con el vencido

Si en la guerra hay que ser implacable, con el vencido más si es guerrillero hay que manejar una generosidad política.

Con los carceleros de las Farc, Antonio Aguilar César y Alexánder Farfán Gafas, con 23 años de ambiente antisocial, no es conveniente tanta drasticidad y amenaza de extradición, pues con paciencia y habilidad se pueden convertir en fuente valiosa de información.

La justicia anglosajona llega a perdonar a un criminal si facilita con eficacia la captura de varios temibles terroristas. Es el pragmatismo. Puede ser equivocado el triunfalismo que lleva a quitarle importancia a lo que queda de las Farc. Los de las Farc son fundamentalistas. Los politólogos y expertos sostienen lo sangriento que es el terrorismo anarquizado y desesperado. Conservan importancia en la ilegalidad el Mono Jojoy, Joaquín Gómez, Cano y otros.

 Horacio Gómez Aristizábal. Bogotá.

UN precisa

La Universidad Nacional de Colombia se siente complacida por la cobertura y despliegue que de sus cualidades se realizaron en la edición del pasado jueves 12 de junio, en las páginas 14 a 17, bajo los titulares “No debemos trabajar por los rankings” y “Las mejores U según Ecaes”.

Sin embargo, encuentro que la información publicada en el recuadro “U Nacional” no es exacta. Se menciona que: “Entre sus siete sedes (Bogotá, Medellín, Manizales, Palmira, Orinoquía, Amazonía y Caribe) cuenta con 95.340 estudiantes de pregrado. La oferta académica más amplia al sumar 320 programas académicos de pregrado y posgrado. Su planta docente asciende a 2.862 profesores”.

Los datos reales de la Universidad Nacional de Colombia, para el II semestre de 2007, son:

Matrícula (número de estudiantes) en pregrado: 39.113

Oferta académica: 391 programas

Planta docente: 2.883 profesores.

 Jorge Iván Bula Escobar. Director, Oficina de Planeación, Universidad Nacional de Colombia. Bogotá.

El cambio

Como la mayoría de los colombianos, he estado siguiendo de manera constante, quizás incluso un poco morbosa, los eventos relacionados con el rescate de Íngrid. En medio del abanico de diarios que ustedes bien conocen, me decidí cambiar a El Espectador, en su versión impresa y virtual. Esperaba un periodismo que no exacerbara mis bajas pasiones y una opinión diversa, alejada del unanimismo.

Hasta el momento, bastante prematuro, a decir verdad, tengo la sensación de estar exacerbada y alineada con la mayoría, según la encuesta publicada el domingo por ustedes. Como consumidora de medios me queda la pregunta ¿valió la pena el cambio? Hasta el momento, a pesar de que no ha sido en detrimento, desearía también que los enfoques utilizados variaran con mayor ímpetu.

 Nidia Pulecio. Bucaramanga

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