Por: Julio Carrizosa Umaña

Gentes y bosques

El manejo sostenible de las cuencas altas de los ríos andinos es fundamental para el futuro del país.

Si se siguen deteriorando estas cuencas, difícilmente se puede sostener el crecimiento de las ciudades que albergan más de la mitad de los colombianos. Hasta ahora ha sido imposible evitar la erosión, los derrumbes, las inundaciones, la contaminación de las aguas públicas y la disminución de las aguas disponible para los acueductos y buena parte de los presupuestos nacionales, departamentales, regionales y municipales se gasta en tratar de reparar los daños y perjuicios originados en el mal manejo de estas cuencas.

Solo unos pocos propietarios y funcionarios públicos han comprendido estos problemas, cuidan los bosques protectores y plantan nuevos bosques productivos que proporcionan ingresos adicionales; el proyecto de Familias Guardabosques ha mejorado la situación en algunos municipios y ya se inician algunos proyectos de reforestación comercial, pero en general la cuestión se agrava; se convierten los bosques existentes en potreros y se amplían los cascos urbanos de los municipios.

Es necesario que en las nuevas políticas agropecuarias y ambientales se tenga en cuenta la situación y se establezcan condiciones económicas adecuadas para que los propietarios, pequeños y grandes, puedan convivir con los bosques de las cuencas, los cuiden y planten nuevos árboles en lugar de urbanizar las colinas, establecer ganaderías ineficientes en las laderas o tratar de competir en el cultivo de la papa.

El manejo sostenible de las cuencas es posible, pero solo si se planifica y ejecuta con las gentes que las habitan, introduciendo el concepto de gobernanza en los socioecosistemas locales, pero para eso es necesario que los propietarios comprendan que ellos pueden cambiar la situación.

El pago de los servicios ecosistémicos que prestan las fincas manejadas en formas sostenibles, la organización de proyectos comunitarios que restauren o rehabiliten las áreas degradadas, la introducción de métodos silvopastoriles, la asistencia financiera y técnica para plantar masivamente árboles productivos de maderas finas, como los robles y los nogales, la descontaminación de las quebradas, el embellecimiento de las veredas y el apoyo al ecoturismo sostenible y a los parques temáticos son acciones posibles que podrían, todas juntas, generar una nueva cultura forestal andina que fundamente la armonía entre las gentes y los bosques.

 

* Julio Carrizosa Umaña

 

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