Por: Beatriz Miranda

Geopolítica y fútbol

El 5 de junio, Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Bahréin y Egipto rompieron relaciones diplomáticas con Catar, bajo la justificación de que este país mantiene lazos con grupos terroristas y los financia. Además de esto, cuestionan sus buenas relaciones con Irán.

A pesar de que Catar, un país pequeño, con 2,6 millones de habitantes, en donde está instalada la base militar más grande de Estados Unidos en el Medio Oriente, se ha transformado en el más rico del mundo, gracias a sus reservas de petróleo y gas, y se estima que invertirá 200 mil millones de dólares en el Mundial de Fútbol de 2022. En los últimos meses la coalición liderada por Arabia Saudita lo aisló diplomática y geográficamente y dio inicio a una fuerte campaña internacional en su contra, lo que desató una compleja crisis en el Golfo Pérsico.

Se afirma que la agudización de la crisis es una de las consecuencias directas de la visita de Donald Trump a Riad. En su pronunciamiento, el presidente norteamericano exaltó el poder de Arabia Saudita y su alianza incondicional con Estados Unidos en la defensa de los intereses norteamericanos en la región, lo que desde luego lo inhabilita como mediador en los conflictos del Medio Oriente.

La consultora Control Risks ha advertido que si se prolongara el aislamiento económico no solo afectaría a Catar, sino las relaciones comerciales de la región, ya que impacta transporte, mercancías y movilidad de personas, incluso de autoridades, lo que viola acuerdos pre establecidos. Además, el conflicto ha despertado preocupaciones con relación a una crisis alimentaria inducida.

En un escenario desafiante, Catar deja a sus opositores sin argumentos, por lo menos en las últimas semanas. Catar utiliza el soft power del fútbol y busca una salida diferente a las imaginadas por sus opositores: la compra de Neymar y su ingreso al Paris Saint-Germain. Esto hace recordar la afirmación de Pascal Boniface, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París: “el fútbol es el primer imperio auténticamente global y, a diferencia de otros, se ha ido extendiendo por todo el planeta de manera pacífica y sin necesidad de imponerse”, y sobre su impacto en contextos tanto de guerra como de paz.

Es importante recordar que en las últimas décadas gran parte de sus inversiones internacionales han sido destinadas al área inmobiliaria, a la hotelería de lujo, al transporte aéreo, a los medios de comunicación y al deporte.

Mientras algunos de sus y opositores aparecen como articuladores y/o facilitadores de algunas guerras regionales o dictaduras, Catar ha utilizado la fuerza del fútbol para cambiar su imagen internacional.

En 2011, Catar y Francia se entrelazaron, cuando el emir de Catar Tamim bin Hamad Al Thani y Nasser Al-Khelaïfi, actualmente presidente del PSG y de Bein Sport, compró el Paris Saint-Germain e invirtió aproximadamente mil millones de dólares en compra de jugadores.

No obstante, la magia de París, las inversiones gigantescas de Catar y la representatividad de este equipo francés, no habían logrado dos componentes de esta estrategia que más que deportiva es geopolítica: ganar la Champions y tener una estrella deportiva.

La salida de Neymar del Barcelona y su llegada a París ha provocado un furor muy pocas veces visto. El tema ha sido destacado por los principales medios de comunicación del mundo, diez mil camisetas con el número 10 de Neymar fueron vendidas en Francia en apenas 24 horas y la operación financiera cuyo monto fue de 222 millones de Euros ha abierto un gran debate en el mercado internacional del fútbol

Sin embargo, mientras las especulaciones siguen, Catar sabe que su estrategia geopolítica en un contexto regional hostil contará con la magia del drible y del “jogo bonito” de Neymar en el Paris Saint-Germain.

*Profesora Universidad Externado de Colombia.

 

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