Por: Juan Pablo Ruiz Soto

La gestión integral del río Bogotá

Las Corporaciones AutónomasRegionales (CAR) recibieron fuertes y merecidas críticas por los desastres relacionados con las recientes olas invernales.

Aunque los niveles y la intensidad de las precipitaciones fueron muy superiores a los históricamente registrados, también es cierto que muchos de los impactos podrían haberse evitado o ser de menor magnitud si las CAR fuesen entidades serias. En contadas excepciones institucionales y en ciertas acciones puntuales, podemos decir que las CAR han cumplido su deber; no obstante, en términos generales, no es temerario decir que estas instituciones han actuado como nichos de politiquería, despilfarro y corrupción.

La CAR de Cundinamarca, siendo una de las que cuenta con mayor presupuesto y responsabilidad, ha sido por tradición un ejemplo de ineficiencia e incapacidad administrativa. Su área de influencia incluye ecosistemas importantes y únicos, servicios ambientales muy valiosos y actividades económicas de gran importancia. Jugar con las responsabilidades ambientales es jugar con la vida y el bienestar de los ciudadanos y, por lo mismo, esta CAR requiere supervisión tanto desde el Gobierno como desde la sociedad civil (en la página web de la CAR hay una sección de rendición de cuentas que incluye información sobre su presupuesto anual y los gastos realizados; aunque en general se trata de información insuficiente, constituye una herramienta útil para que la ciudadanía cultive su derecho de exigir y generar una mejor institución).

Ahora bien: tenemos, como ejemplo de la inadecuada visión ambiental de la CAR, el “Plan de adecuación hidráulica y recuperación ambiental del río Bogotá”. Este plan está focalizado en la parte media del río y no es una propuesta de manejo desde una perspectiva de cuenca. Como respuesta al cuestionamiento público, hoy la CAR está sacando sedimentos del lecho del río entre Cota y Soacha y adquiriendo terrenos en áreas de alto riesgo en este mismo tramo. Estos trabajos en la parte anterior a la salida de las aguas de la sabana de Bogotá contribuyen a acelerar la movilización de las aguas y, por ende, mejora la evacuación en épocas de lluvias intensas. Es una herramienta válida a corto plazo, pero no está tocando el origen del problema, que es la generación de sedimentos y la destrucción y ocupación de los humedales y reguladores naturales. Sacar sedimentos en la parte media es tratar al río como un tubo de desagüe y no como una cuenca con dinámicas ambientales propias. Es necesario atender integralmente la parte alta de la cuenca y recuperar los reguladores naturales.

Una acción indispensable para recuperar el río Bogotá es que los finqueros protejan sus riberas y recuperen la vegetación nativa de las orillas, y que respeten los pantanos y humedales para que en la época de creciente se conviertan en trampas de sedimentos y retengan los excesos del caudal. La recuperación y mantenimiento de los reguladores naturales y su uso como trampa de sedimentos es mucho más económico que extraer los sedimentos a lo largo del río. La franja de recuperación de las riberas debería volverse un espacio de uso público; construir una ciclovía desde Soacha hasta el nacimiento del río sería, entre otras, una buena forma de fomentar la apropiación social de nuestro hoy maltratado río Bogotá.

 

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