Por: Pascual Gaviria
Rabo de ají

Gestor general

Néstor Humberto Martínez estuvo menos de un año en el superministerio que se creó para sus gustos y habilidades en el segundo gobierno de Santos. Fue tiempo suficiente para hacer dos tareas claves, cazar una pelea adecuada, mostrarse generoso desde un cargo de poder, ayudar a cuatro amigos y dejar el escenario listo para los aplausos. El actual fiscal es sin duda un experto en la difícil tarea de trabajar al mismo tiempo para la empresa del jefe y para su propio chiringuito. Cuando dejó la silla palaciega tenía el carné de dos partidos (Cambio Radical y la U), la gracia de las cortes por una pequeña traición a sus compañeros de gabinete y el favor del Congreso que se inclinaba casi unánime ante su olfato político, su oído delicado con los manzanillos, su labia aguzada ante los leguleyos, su tacto con la oposición y su ojo burocrático para encontrar uno que otro puesto. Esas habilidades le merecieron la Orden de la Gran Cruz del Congreso a mediados del 2015. Los senadores levantaban la mano ansiosos de entregar su reconocimiento al “superamigo”, al “hombre hecho para grandes cosas”, al “servidor necesario en la arena política”. Fueron casi dos horas de cepillo. Merecido para quien un año antes se había partido trabajando en la estrategia y financiación de la campaña de Santos.

Martínez se fue “abrumado, pleno de alegría y conmovido con tanta generosidad”, y dijo que el retiro del cargo era para atender un compromiso comercial adquirido y trabajar por su “realización profesional”. No estaba mintiendo, un mes después ya asesoraba al concesionario Ruta del Sol para un contrato de estabilidad jurídica. Conocía bastante bien el negocio. Según Luis Fernando Andrade, exdirector de la ANI hoy detenido por orden la Fiscalía, Martínez dio concepto jurídico en 2012, como empleado del Grupo Aval, para que se aceptara el otrosí de la vía Ocaña-Gamarra. Es decir, hizo sus esfuerzos válidos como empleado para que el concesionario Ruta del Sol II obtuviera un nuevo tramo sin necesidad de pasar por una licitación. Más tarde, ya como funcionario de la Presidencia, aprobó la adición en el Conpes que permitió las “añadiduras” al contrato original. Vale la pena un pequeño otrosí: Martínez Neira fue llamado como testigo de la Fiscalía en el proceso contra Andrade.

Martínez tiene el extraño don de la ubicuidad. Puede ser fiscal y parte, abogado de intereses privados y defensor de recursos públicos, testigo y acusador, ideólogo y alfil de campaña. De nuevo como empleado del Grupo Aval, y ya conociendo las coimas cantadas por Jorge Enrique Pizano, fue quién elaboró el contrato de transacción entre los socios de la Ruta del Sol II para convertir en un arreglo privado lo que sabía era un desfalco público en el que concurrían varios delitos. Pero no todo pueden ser páginas de contratos y mugre de expedientes. Hace un año el diario El Tiempo, propiedad de sus antiguos patrones, lo eligió como el personaje de 2017. En medio del panegírico sueltan una perla para elogiar su independencia, su capacidad de omitir lealtades para cumplir con sus deberes. Mencionan al expresidente de Corficolombiana, socia minoritaria en el concesionario Ruta del Sol II y propiedad del mismo dueño del periódico, quien seguro fue su compañero al redactar el famoso contrato de transacción con Odebrecht: “Pero fueron sus fiscales los que pidieron y lograron la captura de José Elías Melo, expresidente de esa firma, bajo cargos de que conoció y avaló el pago de los sobornos”. Conocimiento y aval que al parecer Martínez también tenía.

El fiscal es sin duda un hombre cocido en todas las aguas, un excelente delegado, un envidiable apoderado, un gran administrador. Tanto, que merece un apodo de sus múltiples patrones: Gestor Humberto Martínez.

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2018-11-21T08:35:54-05:00

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