Por: Lorenzo Madrigal

Giratoria política

Puertas giratorias las hay de distintas clases: la más conocida ha sido la que da paso a los funcionarios para acceder al sector privado en el mismo ramo y viceversa; otra ha sido la que da entrada y salida, como en un circuito de hámster, a magistrados para pasar de una corporación a otra, impulsados por los mismos que han nombrado.

Una más es la muy santanderista de retirarse de la administración pública por una puerta, sin echar cerrojo, para intervenir en política y regresar olímpicamente al puesto, una vez logrado el objetivo. Por ejemplo, la reelección de Juan Manuel Santos.

Varios funcionarios del Distrito, de aquellos que juraban armas y se solidarizaban con el alcalde Petro, salieron de la administración para trabajar en la campaña Santos y algunos han regresado a su labor pública. Es una forma de burlar la norma que veda intervenir en política. Aparte de que es una manera extrañísima de ayudarle a Petro para éste ayudarle a Santos, dentro del colaboracionismo por el cual el alcalde sustituyó sus arengas contestatarias. Vivir para ver.

Las normas no son sólo la letra sino también su espíritu y la exégesis llevada al extremo es lo que se ha llamado santanderismo, originado en los esguinces y miradas para el otro lado que hacía el prócer a fin de no comprometerse con sus amigos que urdían atentados contra el Libertador. Por aquí no pasó, dicen que respondían frailes antiguos, para no decir la verdad de haber visto a alguien, mientras rozaban sus brazos entre las anchas mangas del hábito.

Me llamó la atención el reciente artículo de prensa de Jaime Castro, verdadera pieza jurídica, referente al tema de los funcionarios en política. Refresca y da claridad a estos temas.

En medio de la euforia del triunfo de Santos, éste se disculpó públicamente de no agradecerle al alcalde de la ciudad por los servicios prestados, para no enredarlo con la Procuraduría. Muy gracioso el descaro de decirlo, pero cómplice con su nuevo mejor alcalde, favorecedor de su candidatura, lo que es de esperar no se le revierta a Petro, como la elección del procurador en el Congreso.

Todo se ve muy normal. Aparte de que todo vale. Es como salir por una puerta, cerrarla con cuidado y regresar en puntillas, a la medianoche. Nadie vio, nada pasó. Y luego atender funciones públicas con la objetividad del caso.

Un jugador del Mundial le clava los colmillos a su contendor y algunos piensan que nada ha pasado, porque el árbitro no pitó la falta. La Fifa no se dejó convencer por el formalismo (en Colombia, santanderismo) y apeló a sus reglamentos sobre el libre juego y el espíritu deportivo, así en ellos no se especifique “mordedura” ni se obligue a los jugadores a vacunarse antes de salir a la cancha, portando la respectiva placa antirrábica.

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