Por: Humberto de la Calle

Glifosato: la decisión en la Corte no pone fin a la discusión

Ojalá tengamos pronto el texto completo de la decisión de la Corte Constitucional sobre el glifosato. El anuncio del pasado jueves fue interpretado de muy diversas maneras. No sé si eso sea producto de una decisión ambigua en sí misma, o de la manía de forzar conclusiones en un tema tan divisivo.

Basta ver que mientras el inefable Lafaurie decía que la Corte le había propinado un golpe mortal al gobierno, éste celebraba la decisión hasta el punto de anunciar, al día siguiente, con la rapidez del rayo, que tenía listo un protocolo para comenzar de nuevo a fumigar.

Juanita Goebertus en su tuit dijo que la rueda de prensa con el anuncio había sido cosa “de locos” pues “la presidente de la Corte dijo que se introdujeron precisiones y el magistrado ponente dice que las condiciones no se modificaron”.

Como si algo faltara, los titulares on-line de El Tiempo y El Espectador son totalmente contradictorios.

Aun así, en medio de esta confusión, que ojalá sea pasajera, algunas cosas son relevantes.

La Corte señaló que, en todo caso, la decisión deberá tomarse en el marco del Acuerdo del Teatro Colón.

Es esta una oportunidad para denunciar de nuevo que sectores del No difundieron de manera maliciosa la tesis de que la fumigación se entregó en La Habana. Allí dijimos que el gobierno se reservaba el derecho a fumigar. Como el infundio no prosperó por contraevidente, entonces se acudió a afirmar que una cosa decía el texto y otra la concesión bajo cuerda de regalarles a las Farc la suspensión. Lo que veo hoy es una clara estrategia destinada a asimilar el Acuerdo con el narcotráfico. Por fortuna, el consejero Archila tiene claro este punto. Su lenguaje es sensato y esperanzador en lo que le corresponde.

La verdadera “precisión” de la Corte es que en una nueva decisión del Consejo de Estupefacientes, que se ve venir, no se requerirá certeza absoluta sobre la ausencia de daño.

Tendremos fumigación.

No obstante, la discusión aún no ha terminado. Hay dudas sobre el costo-beneficio, la resiembra, el impacto en las comunidades y la cuestión internacional. No hay que esconder que más de 200.000 hectáreas de coca, en un entorno internacional prohibicionista, son un serio problema para Colombia. Duque se encuentra en la poco envidiable situación de afrontar las consecuencias internas, serias alteraciones de orden público, o las externas, llegando a temer algunos incluso en estas últimas la posible descertificación. Es posible que la actitud de Duque sobre Venezuela esté condimentada por la necesidad de crear por esta vía anticuerpos para las impredecibles reacciones del señor Trump.

El problema de la fumigación no es solo la discusión sobre la condición cancerígena del glifosato. Es el impacto bastante negativo en las comunidades. En el largo plazo, la única salida sostenible es la sustitución voluntaria. Si no entendemos que el verdadero centro de gravedad es concebir el problema de los cultivos ilícitos como una cuestión de desarrollo agrario, toda otra solución será temporal, insostenible y excesivamente traumática. El problema es que esto cuesta y toma tiempo. Una política razonable, mientras continúe la prohibición, es la llamada interdicción: laboratorios, rutas, incautaciones. Allí lo hacemos bien. Y exige que logremos vencer el desafío monumental como nación que es tener “menos soberanía que territorio”.

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