Por: John Duperly

Glifosato vs. tabaco

No tengo dudas sobre la decisión de no fumigar con glifosato. Lo que me preocupa es el sensacionalismo alrededor de estas decisiones.

Se nos olvida que todos los días mueren en Colombia y en el mundo miles de seres humanos a consecuencia del humo del tabaco: la mayor amenaza para la salud humana y el medio ambiente, reconocida por la OMS y por todos los gobiernos del mundo. Los ambientalistas saben que las colillas de cigarrillo constituyen uno de los mayores tóxicos para el medio ambiente, contaminan instituciones, ciudades, parques, playas y ríos, intoxicando pequeños animales, aves y mascotas. Lo sorprendente es que la lucha de nuestras sociedades sea tan tímida, tan incoherente, tan egoísta.

Los pocos valientes, en el Gobierno y en la sociedad, que se han atrevido a enfrentar este flagelo, han recibido amonestaciones de sus superiores y hasta amenazas contra su vida, en el mejor de los casos, simplemente han sido ignorados. El negocio de la industria del tabaco es tan lucrativo para las multinacionales y algunos sectores de la sociedad, que se cuestionan e ignoran las recomendaciones de las grandes autoridades de salud y desarrollo sostenible.

Nuestro país ha logrado algunos avances, pero aún estamos lejos de cumplir a cabalidad con el convenio marco de la OMS para el control del tabaco, en especial en materia de impuestos, seguimiento y control de la implementación de cada estrategia y recomendación. Seguimos vendiendo cigarrillos a precios muy bajos con relación al resto del mundo, con advertencias y control sanitario insuficiente, pero sobre todo con una increíble e indignante tolerancia social, hasta que la enfermedad, por lo general mortal, toca a nuestros familiares directos.

Es cierto que el daño a la salud, desde el embarazo y el período neonatal hasta el sufrimiento por dolor y asfixia de un anciano es tan grave, que todo fumador debería pagar una prima significativa a nuestro sistema de salud para compensar en algún grado los inmensos costos en salud atribuibles a esa decisión personal. No es justo que sigan muriendo niños de hambre, mientras un 10-15% de la población ejerce su derecho a consumir tóxicos adictivos y a destruir el medio ambiente.

Sólo falta que los cultivos de coca se sigan reemplazando por cultivos de tabaco, un negocio millonario, en manos de empresarios que no tienen que sentarse en La Habana, ni dar explicaciones sobre su ética, honestidad y responsabilidad por millones de muertes en el mundo.

Especialista en medicina interna y doctorado en medicina del deporte.

www.johnduperly.com / @johnduperly

 

 

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