Por: Hernán González Rodríguez

Globalización al desayuno

La humanidad siempre ha estado interconectada, aunque la mayor parte de ella no haya sido consciente de tal hecho.

Algunos analistas consideran, por ejemplo, que la humanidad estuvo mucho más abierta al libre comercio inmediatamente antes de la Crisis de 1929 que en la actualidad. Ciertamente, los cuatro o cinco países industrializados de la época vendían sus mercancías e importaban materias primas del mundo en desarrollo sin ninguna traba. Existía por entonces una globalización de un solo sentido sin mayor reciprocidad y a precios de intercambio injustos. 

Un antropólogo llamado Robert Lipton describió en 1960 lo que hace un estadounidense a la hora del desayuno para demostrar cómo los pueblos de la Tierra se ha ido interconectando e intercambiando sus inventos:

Al ingresar al restaurante se detiene para comprar un periódico que paga con monedas, un antiguo invento lidio. En el restaurante encuentra toda una nueva serie de elementos prestados. El plato está hecho de un tipo de cerámica inventado en China. El cuchillo es de acero, una aleación obtenida por primera vez en el sur de la India. El tenedor es un invento medieval italiano y la cuchara un derivado de un original romano.

Nuestro amigo comienza su desayuno con una naranja del Mediterráneo. Un melón cantalupo de Persia o quizá un trozo de sandía africana. Con éstos toma café, una planta abisinia, con crema de leche y azúcar. Tanto la domesticación de las vacas como la idea de ordeñarlas se originaron en el Oriente Próximo, en tanto que el azúcar se elaboró por primera vez en la India.

Después de la fruta y de la primera taza de café, pasa a los "pancakes" una torta escandinava elaborada con trigo originario de Asia Menor. Sobre ellos vierte sirope de arce, inventado y extraído por los indios de Norteamérica de los árboles de los bosques del este.

Como plato adicional puede complementarse con un huevo puesto por una gallina, especie de ave domesticada en Indochina, o elaborado con finas tiras de la carne de cerdo, animal domesticado en Asia Oriental, la que puede haberse salado y ahumado mediante un proceso desarrollado en el norte de Europa.

Cuando nuestro amigo ha terminado de desayunar se acomodará para fumar, una costumbre amerindia, consumiendo una planta cultivada por primera vez en Brasil, bien en pipa, procedente de los indios de Virginia, bien en un cigarrillo, procedente de México. Si es suficientemente robusto, quizá se atreva con un puro, transmitido a América desde las Antillas a través de España.

Mientras fuma lee las noticias del día, impresas en caracteres inventados por los antiguos semitas en un material inventado en China mediante una máquina inventada en Alemania. Mientras se entera de los acuciantes problemas que hay en el extranjero dará gracias, si es un buen ciudadano conservador, a una deidad hebrea, en un idioma indoeuropeo, por ser ciento por ciento estadounidense.

 

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