Por: Columnista invitado

Gloriosa menopausia

Por: Alberto López de Mesa

Ningún hombre logra entender cabalmente la ecología del cuerpo femenino, ni siquiera la ciencia logra comprender aún los modos de un cerebro que se sabe dueño de un cuerpo que puede gestar, encubar y parir un hijo de su carne, que fabrica y vierte leche, que además está diseñado para ofrecer a los críos temperatura justa, regazo funcional y una conciencia planetaria que es garantía de seguridad ante adversidades humanas y planetarias. Un informe de la Nasa dice que las hembras de todas las especies advierten y sienten de primeras los movimientos telúricos y los huracanes. Sumado a todo eso, el cuerpo y el alma femenina a través de los tiempos y en todas las culturas ha dado prodigios del erotismo y, obvio, magisterio y negocio con la sexualidad.

Toda esa magia hembra es cíclica y coherente con el cosmos: la ovulación y la menstruación están en estrecha relación con los ciclos de la luna y de la tierra, y a su debido tiempo concluye su misionalidad reproductiva y el cuerpo y la mente hembra se dispone para la protección de la especie, esta etapa del ritual natural se conoce con el nombre, a veces despectivo, de menopausia. Desde la metáfora puede compararse como cuando las serpientes cambian de piel o las águilas renuevan su pico. Logicamente es un lapso existencial que cimbronea por igual la conciencia y la sustancia femenina, es traumático eximirse de la responsabilidad reproductiva y peor si la sociedad y la noción machista del atractivo discrimina por excluyente e ignorante los poderes del nuevo encanto.

Pero en realidad esta etapa de las mujeres ofrece poderes aun ignotos para la mentalidad esquemática y común. En el sexo y en el amor que es donde peor se portan las nociones macistas, la mujer exenta de la reproducción aporta más que nunca su sabiduría, su poética carnal. (Una amiga trabajadora sexual me enseñó porque muchos clientes se sienten más complacidos con la destrezas de las mayores que apabullados por las malicias de las putitas bisoñas)

Mis amigas coetáneas, a las que admiro y requiero profundamente, las he visto lucir con dignidad y garbo su menopausia, son una generación libre pensadora que no se deja apabullar por las maledicencias de la sexualidad de mercado y aman con gracia y entrega porque nunca olvidan los saberes de afrodita. Paro además y sobre todo, las admiro y las requiero, porque se decidieron a recomponer el mundo.

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