Gobernando a sangre fría

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Mientras el mundo se moviliza, conmovido por el asesinato de George Floyd a manos de un policía violento en los Estados Unidos, en Colombia parecemos dispuestos a asistir impávidos a ataques gravísimos de uniformados contra la población civil. Hay algo profundamente malsano en todo esto, algo lleno de malos augurios para nuestra sociedad.

Tomen el episodio de erradicación forzada iniciado a finales del mes pasado en la frontera entre el Guaviare y el Meta que terminó con varios campesinos heridos. Es fácil ver en las grabaciones que lo registran cómo el Ejército entra disparando contra los civiles. Hasta donde sé, nadie desde las instituciones dijo ni mu (qué amargo contraste con los Estados Unidos, pese a la terrible crisis que vive la potencia del norte). Cuánto quisieran muchos que esta política de sustitución basada en la oferta de plomo lograra imponerse, y que los abusos se difuminaran en medio de “confusos hechos”, que es la expresión en código de varios de nuestros medios para referirse al asesinato de colombianos a manos de quienes están en el deber de protegerlos (sí, tiene razón: la muerte de un afro a bolillazos y el “fallecimiento” de numerosos presos en las revueltas carcelarias cuando comenzaba la crisis del COVID-19 también fueron resultado de “confusos hechos”).

 

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