Por: María Elvira Bonilla

Gobernar desde el Parque de la 92

ESTA SEMANA EMPEZÓ EN EL PAÍS una nueva novela, que para muchos de sus protagonistas, que son miles, también es asunto de vida o muerte, porque está en juego nada más y nada menos que su salud.

Empapelado como está, dando la batalla jurídica para no terminar en la cárcel, arrastrado por las denuncias de Yidis Medina y las acusaciones del delito de cohecho realizadas por la Corte Suprema de Justicia, el ministro de Protección Social Diego Palacios ha descuidado su principal tarea, la de la salud y seguridad social de los colombianos.

El lío que se armó con la Planilla Única, creado por ellos mismos, con la que se pretende que un millón de trabajadores independientes, entre ellos los más pobres, paguen la seguridad social a través de internet o con ineficientes mecanismos alternos, refleja la manera como decisiones tecnocráticas desconocen la realidad del país.

La penetración de la internet aún es muy baja, con 1.400.000 conexiones, concentrado el 60% en Bogotá y el restante en las cuatro ciudades y algunas de las intermedias; los usuarios son población urbana y especialmente joven, así que obligar por decreto a utilizar este mecanismo, puede conducir en la práctica a un atropello a los derechos constitucionales de una mayoría, como bien lo ha señalado el Procurador, quien con razón ha tomado cartas en el asunto.

 Porque el tema va incluso más allá. La sistematización con la Planilla Única obliga a que las personas de salario mínimo o incluso desempleadas, que con esfuerzo se habían afiliado a alguna EPS para poder acceder a los servicios de salud, tengan ahora necesariamente que pagar pensión. De esta manera, miles de colombianos, sin capacidad económica para asumir el nuevo costo perderán el esfuerzo realizado durante años y la antigüedad que asegura el cubrimiento de enfermedades graves. ¿No resulta realmente un contrasentido, pedirle a un desempleado o a un trabajador independiente que con dificultad completa un salario mínimo, que aporte además a  la seguridad social, cuando a duras penas tiene para cubrir las necesidades básicas?

Tomar decisiones desde el podio de la tecnocracia, donde parece tiene su lugar el indolente viceministro de protección, Carlos Jorge Rodríguez, quien con desdén e indiferencia intentó en una entrevista en televisión, minimizar el abuso con la gente sobre la base de un incremento en el recaudo general, que si bien puede ser cierto, no puede ir en detrimento del objetivo final que es el acceso de la gente al derecho fundamental de la salud. 

Pareciera como si ese pulso que supuestamente le toman al país, cada fin de semana los funcionarios del Gobierno que pasan al tablero presidencial en los consejos comunitarios, se esfumara cuando de regreso en Bogotá se les contagia el vicio de gobernar desde el escritorio, disfrutando de un tinto de Juan Valdez o en cualquier local del Parque de la 92 de Bogotá.

Un estilo que conduce a equivocaciones de fondo,  injusticias y grandes desequilibrios que nunca se subsanarán mientras se insista en gobernar y decidir de espaldas al país real.

 

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