Por: Hernán González Rodríguez

¿Gobierno de izquierda en 2018?

Espero que no llegue al poder en 2018, a juzgar por el rechazo a la izquierda fariana que presentan por igual todas las encuestas de opinión.

Pero insisto en mi apreciación ya expresada en artículos anteriores:  en un país con el 30% de los colombianos con necesidades básicas insatisfechas, con el populismo y los odios del partido político de las Farc, apoyados tanto por los dineros del narcotráfico como los del gobierno de Santos y con medios de comunicación disponibles, no resulta imposible que lleguen al poder en el 2018 o más adelante.

Tanto las elecciones parlamentarias de 2018 como las presidenciales son motivo de preocupaciones sin precedentes, por estar ellas precedidas de unos acuerdos de paz con exageradas concesiones al partido político de las Farc, por el gran número de candidatos, por los escándalos de corrupción para comprar votos con los sobornos de Odebrecht, por los retrasos en la implementación de los acuerdos de paz y, finalmente, por la debilidad de nuestras instituciones frente a la retorcida “gobernabilidad” del presidente Santos.

Ahora bien, si no llegaren las Farc al poder en 2018, pero resultare electo un candidato de una coalición de izquierda, con o sin la participación directa de ellos, muy seguramente les seguiría pavimentando el nuevo presidente el camino para que triunfen en el 2022. Su programa de gobierno se ceñiría estrictamente al cumplimiento del documento firmado en el Teatro Colón.

Si como deseamos quienes triunfamos al rechazar los acuerdos de La Habana en el plebiscito del 2 de octubre de 2016, triunfáramos de nuevo para elegir presidente en 2018, seguramente se racionalizaría la implementación de dichos acuerdos y el país retomaría la senda del progreso abandonada por el gobierno de Santos.

Coincido con quienes consideran que en el escenario descrito se percibe, infortunadamente, un “país indolente, sin capacidad de reacción, con las instituciones arrodilladas ante el poder de sobornar y de mentir de Santos, que no son nada diferentes de la encarnación en él del poder fariano... para violar la ley, la Constitución y los mecanismos de participación ciudadana, con el cometido o la miopía de entregarles el país a las Farc”.

Después de escribir los párrafos anteriores me enteré de la elección de Iván Duque como candidato para la Presidencia el año entrante por el Centro Democrático. Esta gran noticia se presta para despejar algo el horizonte. Duque ha prometido que, en un gobierno suyo, no será más el narcotráfico delito conexo con la rebelión para justificar amnistías. Que no excluirá los bombardeos de precisión, ni las fumigaciones aéreas para reducir las 3.300 toneladas de coca producidas en Colombia, en 2017, según la DEA, ni prohibir más las extradiciones y retornar a las verdaderas extinciones de dominio.

Reconoce Duque que tenemos una tasa de cambio artificial, un peso revaluado por los dólares lavados del narcotráfico, tasa que ha destruido tanto nuestra agricultura como nuestra industria por medio del contrabando.  Lo candidatizaron para remplazar un gobierno malgastador, corruptor, violador de la Constitución y que incumplió sus promesas. Advierte Duque, además, sobre unos impuestos tan elevados que están asfixiando al país. En síntesis, está él abordando los temas clave con soluciones verdaderas.

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