Por: Lorenzo Madrigal

Golpe de opinión

Darío Echandía, gran constitucionalista, tuvo una gaffe espantosa, al ser proclamado el general Rojas Pinilla presidente de Colombia, luego del golpe de Estado, que este protagonizó el 13 de junio de 1953.

Nadie podía imaginar que el gran maestro del Derecho (y gran maestre, se dijo, de una logia masónica) fuera a contemporizar con el atropello al presidente legítimo y a la Carta Fundamental. Pues bien, en un banquete de saludo al usurpador del poder, calificó el golpe de mano como un “golpe de opinión”. Secundaba así el gran jefe liberal las corrientes de la izquierda política y el murmullo que se escuchaba en contra de Gómez, el presidente legítimo, de modo que cualquier forma de quitarle el poder parecía justificada.

La opinión, pues, es clima favorable a cualquier variable política, pero mal puede ser fuente del derecho. El sentimiento del pueblo, manipulable por los líderes, se forma en las emociones y en los corrillos; el derecho, en cambio, se atiene a reglas fijas, inmodificables en el mal tiempo, ásperas para el facilismo, incómodas algunas veces, pero sabias, como se las reconoce cuando pasa el temporal de las pasiones sociales.

Si una Constitución de una República dice que se requiere determinado número de votos para validar una consulta popular es porque ni uno menos la hace viable ni aprobada.

Entre nosotros y recientemente el número de votos de consultas o de plebiscitos derrotados se los toma en cuenta por encima de los presupuestos que reglan el juego electoral. Así pasó con la consulta anticorrupción, la que no alcanzó el umbral requerido, pero sus líderes y lideresas apercollaron al nuevo Gobierno para sacarla a flote y revivirla en el Congreso, donde tampoco resultó aprobada.

Si un plebiscito necesita de la mitad más uno es porque requiere de ese uno para considerarse aprobado, como un mínimo referente. Lo que ahora se ha puesto en uso es asumir que las voluntades que no alcanzaron el tope como ganadoras bien pueden darle la vuelta al resultado. ¿Para qué, entonces, el régimen legal?

Cosa bien distinta es apelar a la opinión, convocarla y citar a una jornada electoral, cuya definición legal, ella sí, llegue a ser respetada. Bien puede ser Herbin Hoyos, el periodista de las víctimas, el único que realmente vio por ellas, quien encabece una convocatoria al constituyente primario o cualquiera otro que lo haga y estará en el camino correcto de encauzar la voluntad popular hacia el derecho.

***

Decir que se irrespeta la voluntad popular al no desarrollar los resultados de una consulta derrotada en las urnas equivale a ignorar que la que se irrespeta, si se la quiere aplicar, es la Constitución de la República.

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2019-06-24T03:15:00-05:00

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