Por: Patricia Lara Salive

Goticas reeleccionistas

¡ES LA OPOSICIÓN LA QUE ESTÁ LLEvando a la segunda reelección del Presidente!, le dijo al periodista Yamid Amat la presidenta del Congreso y senadora consentida de Uribe, Nancy Patricia Gutiérrez.

Semejante disparate, o es un mal chiste, como lo calificó el senador Juan Fernando Cristo; o es producto de la ingenuidad; o es una desfachatez.

Que el Presidente aspira a la segunda reelección para mí fue claro desde cuando fue reelegido y le dio una entrevista a Germán Santamaría, publicada en la revista Diners. Allí, ante la pregunta de si buscaría de nuevo la reelección, Uribe contestó algo así como que en ese momento no dispondría de energías...

Entonces, en ese instante pensé que, como les ocurre a la mayoría de los políticos, Uribe no puede controlar su libido por el poder y, por ello, su segunda reelección solo dependerá de que su médica naturista descubra unas goticas eficaces para incrementarle las energías.

Mientras ese hallazgo se produce y surte su mágico efecto —si es que no se produjo y lo surtió ya—, abundan las disculpas para aclimatar la reelección y las autodisculpas para buscarla: que si no se reelige al Presidente, la seguridad democrática podría irse al traste, con lo cual se alejaría la confianza inversionista y se frenaría el progreso del país; que si el candidato no es Uribe, podría surgir otro que, aun cuando sea amigo de la seguridad democrática, no tenga el suficiente carisma y se corra el riesgo de que la izquierda llegue al poder y se instaure en el país un régimen de corte chavista; que si el candidato no es Uribe, puede ganar la Presidencia algún blandengue que permita que avancen las Farc y se expandan de nuevo en gran parte del territorio nacional;  o, como lo dijo la “senadora consentida”, simplemente puede suceder que si el candidato no es Uribe se corra el peligro de que “se acabe su modelo de gobierno”, lo que para él, según ella que lo conoce bien, es nada menos que su definición de hecatombe. ¡Y ya sabemos que el Presidente anunció que únicamente aspirará a la reelección si Colombia está a punto de que le sobrevenga una hecatombe, es decir, de que el Presidente no sea de nuevo él!

Simultáneamente, mientras se aclimata la reelección, la recolección de firmas para aprobar el referendo que la legitime marcha a todo vapor. Entonces, el próximo semestre, el Congreso, debilitado al máximo, adoctrinado con los más insólitos argumentos y endulzado con una que otra mielecilla burocrática (recordemos a Yidis), acabará aprobando la convocatoria del referendo porque, además, no tendrá los bríos para oponerse a los deseos de las mayorías.

Y en ese momento, con el camino de su tercer reino allanado, y con su apetito de poder al galope, el Presidente, quien es amante de la poesía, tendrá que recordar a la dulce niña pálida que José Asunción Silva describió en su Nocturno y que entrevé dormida a aquel con quien ella sueña, y exclamará: si  

      “agonizar soñaras de placer en sus brazos,

               por aquel de quien eres todas las alegrías,

               ¡Oh dulce niña pálida!, di, ¿te resistirías?”.

Aquí entre nos, cuéntenos la verdad, apreciado Presidente: si un referendo autorizara su reelección, así un posible sucesor suyo tuviera garantizada la continuidad de su política de seguridad democrática, pero pasaran por su cabeza delicias semejantes a las soñadas por la niña pálida de Silva, usted, ¿tampoco se resistiría?

 

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