Por: Rafael Orduz

Gracias, don Andrés

“Las mujeres buenas van al cielo; las mujeres libres van a donde les dé la gana”.

“No somos carne de res”. “Andrés carne de res, cerebro de pollo”. “Con ropa o sin ropa, mi cuerpo no se toca”. “Hablar mal de la víctima no absuelve al agresor”. “Orgullosamente arrecha ¿y qué?” “1.495 casos de violencia sexual contra las mujeres al mes; 49 al día, 2 cada hora”. “Mi cuerpo no es un bien público”.

“Epifania Mondragón: asesinada por su pareja el 21 de octubre en Buenaventura”. “María Paula Amaya, 18 años, Bogotá, violada y apuñalada 23 veces, noviembre de 2013”. “Jenny Losada, 35 años, asesinada a machete por su marido, Bogotá, 2013”. “Rosa Elvira Cely, violada, torturada y asesinada por un amigo”. “1.215 feminicidios en 2011 en Colombia”.

Lo dicen todo. Son sólo algunos de los mensajes que mujeres en minifalda, y algunos hombres, de amplio espectro de edades, exhibieron antier en carteles y que corearon entre mediodía y las 2 de la tarde frente a la entrada de Andrés D.C., en el centro comercial El Retiro, en la 82 con 12. Un lugar de Bogotá ajeno a guachafitas, al lado de tiendas de ropa de marca y de restaurantes de cartel.

Las mujeres, aunque no todas, y también los hombres, no muchos, debemos estar agradecidos con el señor Jaramillo. Sin sus palabras (aquellas de “a qué está jugando una niña que llega en minifalda…”), tan características de una cultura que justifica diferentes grados de violencia en contra de las mujeres, no se habría presentado la oportunidad de una movilización convocada en cuatro días por las redes sociales y cuyo significado tuvo eco en todo el mundo.

Cultura rampante en algunas mujeres (está fresco el recuerdo de la senadora que justificó la solfa que el Bolillo le dio a su compañera de rumba) y en muchos hombres que, a diario, actúan con salvajismo en contra de las mujeres, incluyendo violaciones y asesinatos en su repertorio.

La semana pasada fue extraordinaria, porque señala una vía para la protesta ciudadana. En un era en la que se materializó el temor de Orwell (1984) del control de parte del Estado sobre la vida privada y pública de las personas, como lo han revelado Assange y Snowden, es alentador que las tecnologías digitales contribuyan a crear espacios para iniciativas ciudadanas como la del plantón.

Unas pocas mujeres y hombres jóvenes, indignados por los hechos de Chía y por la narrativa de don Andrés, invitaron a la movilización vía Facebook. En pocos días el sitio virtual (“Plantón en minifalda y/o sobretodo”) llegó a contar con más de 1.800 seguidores. Los medios de comunicación no pudieron eludir el tema, aunque la cultura del machismo hirsuto se reflejó en los comentarios de algunos periodistas.

La lucha contra la cultura de la violencia contra las mujeres y, más aún, contra la indiferencia, es una prioridad. Son demasiados los destinos de mujeres que terminan como Rosa Elvira Cely y no puede ser civilizada una sociedad que no se indigne y pare tal barbarie.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Rafael Orduz

Asesinatos y desconfianza al tope

Centro descentrado

Gracias, Santos, y voto en blanco

Gracias, Fajardo, por la moderación

Los dividendos de la polarización