Por: Rafael Orduz

Gracias, Fajardo, por la moderación

Qué paradoja. Las elecciones más pacíficas y la mayor participación electoral en muchas décadas y, sin embargo, el lenguaje de la polarización más vivo que nunca en estos primeros días posteriores a la primera vuelta.

La escena de Timochenko votando, como cualquier ciudadano, no podía ser más elocuente. Votos en vez de balas, qué mejor. Gracias a un acuerdo que, aunque imperfecto, ha salvado miles de vidas.

Como las encuestas lo habían pronosticado, a pesar de las esperanzas de muchos de quienes votaríamos por Fajardo o De la Calle de que el llamado centro pudiese clasificar a segunda vuelta, el expresidente Uribe logró, de nuevo, un rotundo éxito al fabricar el fantasma del castrochavismo. Como lo dijo Petro: “Cuando subo yo, arrastro a Duque”.

El mejor escenario para el Centro Democrático en segunda vuelta es, justamente, que Petro sea el rival. En consecuencia, estamos ante dos polos que se necesitan para crecer.

Las narrativas de los próximos 20 días están listas: de un lado, seguir y ahondar con el fantasma del candidato que está contra el sistema, que estatizará y expropiará, da enormes dividendos. Y, viceversa, de otro, señalarse a sí mismo como el candidato que promueve la paz versus la guerra, el que cambiará el curso de la historia y alentará la equidad económica y social, es el repertorio vendedor del candidato de la Colombia Humana.

En realidad, hasta ahí, no hay problema. La democracia se trata, precisamente, de eso: cotejar proyectos diferentes de nación.

El tema grave está en la agresión, en creciente, a quien no está conmigo. Los trinos y los mensajes en redes sociales ya dan susto. Entre los seguidores de uno y otro candidato es fácil pisar la cáscara: meter en la misma bolsa del “enemigo” a 7,6 millones de votantes por Duque y, recíprocamente, a los 4,9 millones de Petro y, adicionalmente, clasificar a quienes votamos por Fajardo en función de por quién vayamos a votar, es decir, de asesinos o castrochavistas. ¡Qué barbaridad!

Ignoran, los de una de las toldas, por ejemplo, que en Norte de Santander Duque obtuvo más del 60 % simplemente porque el colapso del vecindario afecta a sus habitamtes de manera directa.

O, lo contrario: los del CD olvidan que millones siguen a Petro porque están hastiados de corrupción, porque encuentran un proyecto que les parece incluyente.

Entonces, sí, hemos asistido a una gran fiesta democrática. La más baja abstención, la ausencia de violencia en muchos años. Sin embargo, la sociedad colombiana está fragmentada en bandos que tienden a comportarse, de cara al otro, como enemigos.

Por eso y mucho más, gracias, Sergio Fajardo, Claudia López, Antanas Mockus, por la moderación, por la insistencia en las tesis básicas: recursos públicos, recursos sagrados; por el respeto a la vida, a las reglas de juego limpias en la política, por una campaña transparente y sencilla. Son consignas vigentes.

Por último, Bogotá, de primera: 1,2 millones de votos por Fajardo, lo que ningún candidato a alcalde ha obtenido nunca.

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