Gracias Pacho

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Acabo de leer en El Espectador algunos apartes de la carta de renuncia del señor embajador de Colombia ante el gobierno de los Estados Unidos, de quién "horas antes de que se hiciera pública la carta, el mandatario había dicho que Santos podría seguir colaborando en dependencias distintas a la embajada en Washington". Difícil encontrar las palabras para expresar la frustración que siento de ver retirado de su cargo a un embajador colombiano en EE. UU. o en Cafarnaún, con las capacidades, el compromiso y el amor por su patria, que ha demostrado Francisco Santos, en buena hora aprendido de ese otro maravilloso colombiano a quién Colombia tanto le debe, su padre, Hernando Santos Castillo. 

Duele ver cómo triunfa la mezquindad y la envidia manifiestas desde el corazón de su partido a partir de la mismísima primera semana de su ejercicio en el cargo, quienes utilizando todos los medios a su alcance, lograron su objetivo. Se demoraron, he de decirlo, pues en esto llevan más de año y medio. Tuvieron que acudir a  trampas y rastreos aleves, dignos del más bajo mundo criminal, como el seguimiento a sus conversaciones, en las que dicho sea de paso, ni se dice nada que el país entero no sepa, ni tampoco nada que comprometa la seguridad nacional.

Me queda claro, ¡qué pesar!, que los políticos colombianos ni entienden ni les interesa un funcionario de las características de Francisco Santos; duele constatar que no nos lo merecemos.

Gracias Pacho Santos, gracias, y lo mejor para usted y los suyos siempre. 

Enrique Uribe Botero.

 

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