Por: Álvaro Restrepo

Gracias... por los mutilados que no fueron

“La gran mayoría de quienes están en contra de los Acuerdos de Paz sólo vieron la guerra por televisión...”, declaración de una víctima del conflicto armado.

Presidente Santos, quiero a nombre de [email protected] niñ@s y jóvenes que hacen parte de la comunidad de la institución que dirijo, El Colegio del Cuerpo en Cartagena de Indias, y en el mío propio, enviarles a Ud., a su señora María Clemencia, a sus hijos y a su equipo de Gobierno un saludo público de Navidad, así como los mejores deseos para el 2018.

Deseo manifestarle nuestra profunda gratitud por el logro más importante de un gobierno en la historia reciente de nuestro país: la paz con la guerrilla más antigua del hemisferio occidental. Con enorme valentía y determinación, usted decidió apostarle todo —su capital político y su legado— a la búsqueda de la paz y la reconciliación entre los colombianos. Y de reconocerle esto, señor presidente, se encargará la Historia. El que hoy las encuestas digan que tiene Ud. un 78 % de imagen desfavorable entre los colombianos también dice mucho de la grave enfermedad espiritual que nos aqueja como nación: la ingratitud. El gobernante que logró convertir a un ejército demente y sanguinario en un partido político dispuesto a acatar las reglas del juego democrático es repudiado por su pueblo por haberle devuelto la esperanza y la cordura. Semejante despropósito sólo es comprensible porque somos un pueblo acostumbrado a la barbarie y temeroso de la paz: se nos olvidó cómo es vivir en armonía con nuestros semejantes.

Los acuerdos conseguidos en La Habana, después de largos y arduos años de negociación, con un equipo de lujo liderado por Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo, no son perfectos... pero son perfectibles si cada uno de nosotros, desde su campo de acción, aporta algo: son una base formidable e inédita para construir un nuevo país. “Hacerlos trizas” sería mezquino y suicida.

Una derecha fanática, egoísta y ciega, que se ha beneficiado durante décadas de la guerra, no quiere ceder esos privilegios ganados a sangre y fuego. Con mentiras admitidas e intimidaciones de todo orden, busca atemorizar, confundir y “emberracar” al electorado, para destruir la conquista histórica de la paz.

Gracias, presidente Santos, por las más de 3.000 vidas de [email protected] que no se perdieron este año; por los miles de compatriotas que no tuvieron que desplazarse y abandonar sus tierras y sus raíces; por los cientos de mutilados que no fueron; por los billones de pesos que hoy podemos invertir en educación en lugar de dilapidarlos en la guerra y en defendernos de nosotros mismos; por la decencia de su talante y su discurso sereno frente a las provocaciones de los energúmenos; por haber llevado el nombre de Colombia a Oslo y haber regresado con la máxima distinción que les otorga la Humanidad a los constructores de Paz; por los miles de visitantes del mundo entero que hoy vienen a conocer el jardín paradisíaco que nos fue otorgado y que durante décadas habíamos convertido en un infierno de odio y de locura... un jardín que ni siquiera los colombianos podíamos recorrer; en últimas, por la metamorfosis de un país paria e “inviable” en uno de los más promisorios y audaces del hemisferio occidental.

Quien asuma el gobierno el próximo 7 de agosto, presidente, tendrá la obligación cósmica —frente al mundo entero— de estar a la altura de su legado, el más esperanzador de nuestra historia.

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