Por: Santiago Montenegro

Gracias, rector

Después de 14 años, Carlos Angulo termina el próximo 31 de octubre su gestión como rector de la Universidad de los Andes. Desde la perspectiva que se la analice, su gestión fue excelente.

En este período, Los Andes pasó de ser una de las mejores universidades del país a una de las mejores de América Latina; de una universidad con un buen pregrado y algunas maestrías, entró en camino a convertirse en una de investigación; de una universidad introvertida y parroquial, pasó a tener como referente el mundo; su planta física, muy precaria hasta los años noventa, hoy en día asombra por su tamaño, funcionalidad y belleza. Pero son las cifras las que hablan por sí solas. Cuando Angulo comenzó su gestión, sólo había 815 estudiantes de maestría y tan sólo 4 de doctorado; hoy en día hay 2.454 estudiantes en 36 programas de maestría y 245 en 16 programas de doctorado. Al comenzar su gestión, la universidad tenía una planta de 384 profesores de dedicación completa, la cual creció a 589, de los cuales hoy en día el 58% tienen doctorado y un 36% tienen una maestría. Durante ese período, el número de títulos de libros en las bibliotecas creció de 125 mil a 352 mil, en tanto el área construida se expandió de 50 mil a 152 mil metros cuadrados. Quién iba a pensar, en julio de 1997, cuando llegaron Guillermo Calvo y Carmen Reinhart a la facultad de economía para dictar los cursos de la primera escuela de verano, que 14 años después habría 45 escuelas de verano, esparcidas por las facultades y departamentos de toda la universidad. Bajo la orientación de Ángulo, también se crearon nuevos programas, como la facultad de medicina o la Escuela de Gobierno Alberto Lleras Camargo. A pocas semanas de dejar su cargo, Carlos Ángulo recibió la noticia de que, de acuerdo al QS World University Ranking, con sede en Londres, Los Andes fue clasificada como la mejor universidad del país y se situó entre las diez mejores de América Latina. Si se estimaran los indicadores, como las publicaciones, no en términos absolutos sino por profesor, una universidad pequeña como Los Andes, que sólo tiene 12.542 estudiantes en pregrado, estaría aún mejor situada frente al gigantismo de otras universidades.

Pero, más allá de la excelente administración y planeación y del adecuado manejo financiero, con Carlos Ángulo la comunidad andina contó siempre con un gran ser humano, dispuesto a escuchar a todo profesor, alumno o exalumno que quería presentar una observación, una queja o simplemente una buena idea para la universidad. Sin ser distante, el talante de Ángulo en la rectoría fue de sobriedad, austeridad y de un uso ponderado de la palabra, a la cual tuvo que acudir en muchísimas ocasiones, como las ceremonias de grado y presentaciones en el país y en el exterior. Casi nunca improvisó un discurso y, a pesar de la visibilidad e importancia de su cargo, jamás buscó notoriedad o los halagos de la galería. Lo que no le impidió, en algunas ocasiones, pronunciarse sobre hechos nacionales, que trascendían la esfera de la universidad o los temas de la educación superior. A pocas semanas de entregar la rectoría a quien, sin duda, será otro gran rector, Pablo Navas, queremos darle las gracias a Carlos Ángulo por su magnífica gestión. La universidad y el país necesitan seguir contando con las orientaciones y consejos de un gran rector, de un gran ser humano y de un gran colombiano.

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