Por: Rafael Orduz

Gracias, Santos, y voto en blanco

La paradoja: las elecciones más pacíficas en muchos años fueron las del pasado 27 de mayo. La imagen de Timochenko votando, la variedad de candidatos, la participación electoral, la mayor en décadas, en conjunto, son hechos que representan un triunfo de la democracia. En el que, sin duda, el esfuerzo y la constancia invertidos por Juan Manuel Santos y su equipo son determinantes, así los dividendos tarden en reconocerse. Gracias, Santos, por la perseverancia, por miles de vidas salvadas gracias al proceso.

Sin embargo, el respeto por la opinión de los demás, una característica básica de una sociedad democrática, no está a la orden del día en esta recta final hacia la segunda vuelta. Específicamente, la forma en que ha sido vapuleada la intención del voto en blanco por parte de quienes creen que sólo el voto por uno u otro corresponde a la decencia y el patriotismo.

Se ha hablado mucho de la intolerancia de algunos de los seguidores del candidato Petro hacia los simpatizantes del voto en blanco, con argumentos conocidos: que, en realidad, blandos y cobardes, prefieren a Duque, que son cómplices de Uribe y el paramilitarismo, entre algunas perlas.

Se habla menos de las actitudes de fanáticos de Uribe hacia los del blanco: lo obvio, que contribuyen al castrochavismo, a destruir la confianza inversionista, a la impunidad hacia las Farc, en fin, cómplices, también, de asesinatos.

Una mirada a las redes documenta la forma vulgar y denigrante, de parte de simpatizantes de uno y otro, hacia aquellos que, después de haber votado por Fajardo o De la Calle, optaron por Duque o Petro. Samuel Azout, formidable empresario, presentó públicamente sus argumentos en favor de Duque. ¡Quién dijo miedo! Claudia López, por su parte, se decidió por Petro. La vulgaridad de algunos uribistas no dio espera al referirse a la extraordinaria líder.

Votaré en blanco. Simplemente porque no me siento a gusto con ninguno de los dos candidatos, porque creo que sus proyectos políticos, que van mas allá de la formulación programática, son, a su manera, excluyentes. Los demás, para ellos, son corruptos. Me estremece la presencia de Uribe tras la retaliación a jueces y periodistas, su búsqueda de impunidad, la ausencia de censura a los espantosos falsos positivos.

De Petro considero que, en la oportunidad que tuvo de gobernar en Bogotá, no fue buen alcalde y, menos, buen jefe y colega. Ejemplos como los de Navarro, García Peña, Carlos Gaviria, Carlos Vicente de Roux, son unos entre muchos. Aunque parezca un argumento de orden secundario, la personalidad del líder en contextos de ausencia de partidos y movimientos sólidos juega un papel de primera línea.

Mis respetos por aquellos que, ejerciendo la libertad de opinión, votarán por alguno de los dos candidatos. Conozco muchos que quiero y aprecio.

Mi voto será en blanco, a conciencia.

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