Por: Antonio Casale

Gran clásico

En medio de tantas noticias recientes aburridoras alrededor de nuestro fútbol, dio gusto ver un clásico con todos los ingredientes disponibles al alcance del público el sábado en El Campín, entre Millos y Nacional.

Millonarios puso la casa y la fiesta, pero los dos equipos fueron propositivos, jugaron sin miedo, tuvieron una idea de juego y pusieron intensidad.

El equipo de Pinto, como ya es habitual, salió a ahogar a su rival en tres cuartos de cancha, cosa que logró en los primeros veinte y en los últimos diez minutos del primer tiempo. Rápida recuperación de pelota, circulación veloz y efectiva por parte de sus volantes, salida de los laterales por los costados y, sobre todo, falta de puntería fueron las características de los de Pinto.

Pero en ese bache de intensidad, que es apenas natural en cualquier equipo, Nacional logró desactivar el medio campo azul, hacerse al balón para respirar con él en los pies y en una jugada mágica de Barcos marcar el primer gol. Esa frenada en seco que envió a los dos defensores azules al centro del parqueadero de la 53 para quedar de frente a Faríñez es la demostración de que invertir en jugadores de renombre no es un deber de los equipos grandes solamente para vender abonos. Es que ese tipo de jugadores aquí marcan la diferencia.

Para el segundo tiempo la tónica fue parecida. En un comienzo un par de opciones más mal definidas con la testa de Ovelar, intensidad azul y una defensa verde bien parada, con suficiente fondo físico como para mantener la ventaja sin sufrir demasiado, hasta que Ovelar definió paradójicamente la más difícil de las que tuvo en el partido para decretar el empate. Resultado justo por lo visto en la cancha.

Después de eso Faríñez se vistió de Armani y devolvió atenciones de otros años con esa doble atajada sobre el final del partido. Esa es otra inversión bien hecha por parte de los directivos de Millonarios.

El árbitro tuvo sus más y sus menos. Es discutida la recuperación de pelota por parte de Duque que originó el gol del empate, porque es evidente un contacto sobre Mafla antes de quedarse con el balón. También omitió la expulsión del arquero de Nacional, Cuadrado, por agresión sin balón a Ovelar.

Lo cierto es que el sábado se reivindicó la verdadera esencia del fútbol colombiano en cuanto a la manera de jugar. La pelota fue bien tratada por parte de los dos equipos. Es bueno que el miedo se vaya de este tipo de partidos. El técnico de la selección de Colombia, Carlos Queiroz, debió salir del estadio con una visión más clara de lo que les gusta ver a los hinchas de nuestro país sobre una cancha de fútbol.

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2019-03-10T22:22:36-05:00

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