Por: Humberto de la Calle

Grandes ausentes

YA DIJE QUE VIRGILIO BARCO HA SIdo el precursor olvidado del proceso constituyente de 1991. Y la otra gran ausente ha sido la democracia participativa. Aunque estuvo en la médula de la convocatoria, hoy hay un espeso silencio en torno a sus mecanismos.

Contribuye a ello que la historia del referendo ha sido un rosario de frustraciones. El referendo contra la droga abortó antes de nacer. El de Pastrana contra el “pomaricazo” fue cancelado por su capacidad desestabilizadora. Uribe sólo sacó adelante una pregunta de las muchas que se le formuló al pueblo. Por fortuna, sirvió de ocasión para que la Corte Constitucional expidiera el manual ético de las consultas populares en una sentencia trascendental. Ahí va Gilma Jiménez en la brega, en medio de serias críticas, no a la inspiración de la consulta de cadena  perpetua, sino a sus efectos incoherentes en la política criminal. Un cuadro desolador.

Se dice que las normas que regulan estos mecanismos son una alambrada de garantías hostiles. Creo que el problema es más profundo: no existe un hábito social participativo, aunque algo se ha logrado. Por otro lado, referendos tan largos y complejos disuaden al elector. Es posible que algún referendo sobre grandes dilemas morales, mediante una sencilla pregunta, llegue a ser exitoso.

La experiencia latinoamericana ha sido agridulce. Hay países como Uruguay con una seria y larga tradición. Venezuela inaugura la democracia participativa con Chávez, lo cual indica experiencias más bien verticales y promovidas por el caudillo.  Algunos eventos ecuatorianos y bolivianos acusan el mismo defecto. Peor Chile, que acumula tres consultas bajo Pinochet, aunque la última la perdió el dictador.

Como dice Zovatto, “entre 1978 y marzo de 2010 se llevaron a cabo un total de 49 consultas populares en 12 países de la región. En 30 ocasiones (61%), la posición del gobierno salió vencedora en el resultado de las consultas y en las otras 19, la posición del gobierno fue derrotada”.

El uso de estos instrumentos ha sido modesto y concentrado en pocos países. “El 27% de los 18 países de la región, concentra el 73% de las consultas o procesos de democracia directa que han tenido lugar entre 1978 y marzo de 2010, y un solo país, Uruguay, concentra el 29% del total de estas consultas”.

Los resultados han sido mezclados. La democracia directa puede profundizar la democracia. Pero se presta también para aumentar el caudillismo, eliminar una verdadera reflexión ciudadana y debilitar otras ramas del poder.

Quizás sólo lleguemos a una democracia directa auténtica cuando hayamos decantado la democracia representativa y el régimen de los partidos políticos. Aunque suene paradójico, sin esto, la participación irá a la deriva, en episodios epilépticos y de variado signo.

Esto va más allá de un simple ablandamiento de las normas.

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Bien que el ministro Echeverri hable de una reforma tributaria para formalizar, no necesariamente para recaudar más. Como acertadamente dijo Juan Ricardo Ortega, evadir impuestos es el deporte impune y favorito de los pocos colombianos que tributan. Por cierto, el Director de la DIAN viene haciendo una tarea monumental, poniendo en juego su pellejo. Hay que reconocerlo.

 

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