Por: Manuel Drezner

Grandes escenas del cine

Es casi unánime la creencia entre los aficionados al gran cine clásico que la escena más importante de la historia del arte es aquella en El acorazado Potemkin, de Eisenstein, donde se ve un coche de niño rodando con la criatura adentro por las escaleras de Odesa. Ese tremendo momento cinematográfico forma parte de las razones por las cuales se ama el cine. Lo único malo es que muchas veces se olvida que a través de la historia del cine hay muchos más momentos que cada uno guarda y que en cierto modo son tan inolvidables como la mencionada. Por ejemplo, en Some like it hot (Dos Evas para dos Adanes), de Wilder, ese final en que Joe Brown le responde a Jack Lemmon cuando este le dice que no se puede casar con Brown porque es hombre y no mujer y Brown revira con la inolvidable frase “Nadie es perfecto”. O el momento para atesorar en que Chaplin se pierde en el horizonte con su amada en Luces de la ciudad. También la danza de Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia. Clark Gable termina Lo que el viento se llevó con otra frase inmortal que podría traducirse como “Francamente, querida, me importa un carajo”, y no se debe olvidar la cínica “Este es el principio de una bella amistad”, de Casablanca. En un plano más trascendental podría mencionarse la partida de ajedrez con la muerte en El séptimo sello o la frase de Gloria Swanson cuando dice (en un momento que cualquier aficionado al cine comparte) que ella es aún grande, pero es el cine el que se empequeñeció en Sunset Boulevard.

Harold Lloyd, cuando cuelga de un reloj de un edificio a muchos metros de altura en Safety last, o nuestro satélite lunar recibiendo una bala de cañón en el ojo en la pionera cinta Viaje a la luna, de Mélies, o el momento en El tercer hombre, cuando Orson Welles habla de que los logros de los suizos con su paz y neutralidad todo lo que han podido producir son relojes de cuco, son igualmente escenas para atesorar. Hay centenares más, como los ángeles que observan a Berlín en la película de Wim Wenders o la escena de la cacería en la maravillosa La regla del juego de Renoir o el bellísimo cortejo nupcial de L’Atalante de Vigo y seguramente cada amante del cine tiene sus propias escenas inolvidables de las cintas que ha visto. De hecho, la colección de escenas de beso que el cura ha prohibido en Cinema Paradiso es casi un homenaje a estos momentos fílmicos de que se habla.

Como se ve, el cine da lugar a momentos que se recuerdan y vale la pena que cada aficionado haga memoria y catalogue cuáles son sus grandes escenas. Eso, al menos, servirá para recordar momentos indudablemente gratos.

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2019-06-10T21:00:00-05:00

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