Grave equivocación poco democrática (II)

Noticias destacadas de Opinión

Precisamente porque tiene un problema estructural de desempleo, Colombia tenía que haber hecho más esfuerzos que otros países en la protección del empleo durante la pandemia.

Eso hicieron la mayoría de países, conscientes de que el efecto más doloroso, más demorado y de más impacto sociopolítico de una crisis económica es el desempleo. Colombia solo subsidió nóminas y primas más de dos meses después. El Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana confirmó hace unos días “que el Gobierno nacional, a través del Comité de Administración del Fondo de Mitigación de Emergencias (FOME), sabía cuánto costaría subsidiar las nóminas en abril, pero decidieron no hacerlo. Las razones, aún desconocidas, afectaron a millones de colombianos que perdieron sus trabajos” (La República, 18 de julio de 2020).

El Gobierno nacional aún no ha explicado las razones de semejante decisión, que puede tener más impacto que cualquier otra de la administración Duque. Aunque ya era conocido el “desinterés” del ministro de Hacienda por el tema del desempleo. Hace unos meses, antes de la pandemia, declaró que no tenía ni idea de por qué estaba aumentando el desempleo de manera tan fuerte.

El subsidio de nóminas no garantiza que se conserven todos los empleos, pero la tardanza en subsidiarlas en una crisis de estas dimensiones sí garantiza que se pierdan millones de empleos. Países con sistemas de empleo flexibles como EE. UU. pueden manejar el problema con seguro de desempleo, porque saben que tienen capacidad rápida de generación de nuevos empleos. Ese no es el caso de Colombia, que ya venía generando crecimiento económico sin empleo.

Es posible que el ministro de Hacienda se salve de la humillación, para un economista ortodoxo, de la pérdida del grado de inversión. Pero también es posible que se haya perdido la ventana de oportunidad para aumentar la deuda pública cuando estaba disparada en el mundo entero, y las calificadoras de riesgo la tienen más difícil para reducir la calificación a países con deudas del 60 %, como Colombia, y mantenerla a países que superan el 100 %, que son muchos. Es posible que, por el exceso de frugalidad del ministro Carrasquilla, Colombia llegue a ser una de las economías emergentes con más desempleo, y este sea un lastre tan pesado y la economía se recupere tan lentamente, que la pérdida del grado de inversión llegue no por el tamaño de la deuda sino por la dificultad para pagarla, cuando el ministro de Haciendo sea otro.

En 2002 el desempleo era altísimo, 15,2 %, y la crisis facilitó que el populismo de derecha hiciera uno de los virajes políticos más grandes en Colombia, desbancó al bipartidismo que llevaba casi 200 años en el poder. Hoy está en 21 % (sumando los inactivos ya supera el 30 %). El ministro de Hacienda de entonces, Alberto Carrasquilla, no tuvo que hacer mucho para combatirlo, porque le tocó en suerte la disparada del precio de los commodities y arrancó uno de los periodos de mayor crecimiento de América Latina. Esta vez las cosas son distintas, y el populismo que puede beneficiarse de la crisis social del desempleo es el de izquierda. En el mundo actual nada mueve más la política que los ascensos o descensos de la clase media y esta es la gran perjudicada de la decisión de no proteger el empleo a tiempo.

Comparte en redes: