Por: Arturo Guerrero

Greta en el trópico

Greta Thunberg, la adolescente sueca de trenza carmelita derramada sobre un hombro, está hablando como dios manda. Sin sonreír, mirando desde una edad velada, respondió una entrevista de televisión en vísperas de la Cumbre sobre Acción Climática que comienza el lunes en la sede neoyorkina de la ONU.

Un par de conceptos casi lacónicos le valieron el entusiasmo del periodista: “Qué potente. ¡Uau!”. Días antes atravesaba el Atlántico en velero para no contaminar. Ahora, 1.500 jóvenes la acompañan en el evento mundial. Habría podido llamar a acciones aisladas, por el estilo de no utilizar bolsas de plástico.

No lo hizo, no llamó a activar los comportamientos domésticos, conocidos como micropolítica. Al contrario, se enfocó por la gran política. La pregunta era sobre lo que puede hacer la gente para combatir el cambio climático. “Informarse, tratar de entender la situación”, contestó instantánea. Apuntó al conocimiento como primer requisito para cualquier transformación.

En seguida condimentó: Ppresionar mediante un movimiento político, usar el poder de la democracia para hacernos escuchar”. Hay una sordera entre los poderosos, pero también hay una democracia potente para presionar con movimientos de muchos.

Esta líder, como salida del Julio Verne de Un capitán de 15 años, guía con su mensaje simple a este mundo trastornado. Dice sinceridades como las de la rosa de El principito de Saint-Exupéry, solo que deletreadas en la lengua urgente de los habitantes de la próxima destrucción.

Su pedido por conductas elementales vale tanto para la enfermedad del planeta como para las locuras de Colombia. En ambos casos el apocalipsis tiene causas, asuntos pesimamente tramitados desde el pasado. Es preciso aclararlos en la mente para no ser torpes ni ilusos. Para que nadie les meta los dedos en la boca a los niños del XXI.

El endeble clima global y la polarización nacional son ante todo una dolencia cultural. Los dos tienen origen antrópico. La especie inteligente se dejó llevar por los mil demonios. No todos sus miembros, claro está, ni siquiera la mayoría. Quienes introdujeron y mantienen la barbaridad son los dueños de las riquezas y de los poderes.

Es hora de comprender el largo proceso de acumulación de todo en manos de pocos. Esta es tarea no solo del cerebro. Fundamentalmente es un ejercicio de las sensibilidades. Cuando Greta usa los verbos “informarse” y “entender”, es preciso traducirlos aquí del idioma sueco como “ilustrarse” e “inflamarse”. Una cucharada de nieve y tres de trópico.

Cosa semejante ocurre con la democracia. Tiene un poder, claro. Pero el movimiento político brotado de estas montañas y ríos tendrá más de lavas y raudales que de campamentos de esquí.

Así las cosas, tanto para temperar el clima como para resolver nuestro costal de cangrejos, las artes son acción esencial. Música y tambores, pintura y grafitis, danza y abrazos, poesía y nervio, canto y cuento, memes y caricaturas, narración y mito: así entendemos aquí, así nos movilizamos aquí.

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