Por: Juan David Ochoa

Greta: la voz que odian

La voz que ha retumbado furiosa en la ONU contra la desidia de los gobiernos del mundo ante el cambio climático tiene la imagen perfecta de un símbolo: proviene de Escandinavia donde todo parece resuelto, no pertenece a las minorías raciales invisibles y subvaloradas y tiene una edad que contrasta con la elocuencia y los argumentos lejanos de una retórica de plazos y promesas inútiles. Su discurso tiene el tono de la furia de una generación que empieza a comprender el mundo con el mayor de sus riesgos, mientras los congresos postergan las medidas que conllevarían al shock de las grandes industrias y las presiones económicas para asegurar el silencio y sostener la tradición de sus réditos.

Era previsible entonces que ante el ascenso progresivo de su imagen y su voz los reaccionarios intentaran desprestigiarla con todos los recursos posibles y los odiadores virtuales aparecieran también arrastrados por los intereses que parecen desconocer, argumentando una fabricación sobre su nombre y una manipulación en sus posturas por empresas de producción energética sin combustibles fósiles; una maraña de teorías de conspiración que agigantan la falsedad universal auspiciada por los patriarcas del negacionismo con intereses mucho mayores y ostentosos. Donald Trump, Jair Bolsonaro y Boris Johnson, ubicados en los puntos cardinales perfectos para explayar mentiras peligrosas, se han asegurado de sostener una comunicación delincuencial contra las evidencias científicas y anular todas las voces que las confronten en público. Los que la odian con tanto fervor parece indignarles que sus viajes en barcos sean patrocinados por el magnate Pierre Casiragui, hijo de la princesa de Mónaco, y sus traslados y hospedajes sean financiados por exministros de su país. Quisieran que previniera de las mismas minorías que usan para producir lástima y olvidan con la misma contundencia de sus poses hipócritas de humanismo para mantenerse en las buenas maneras y en las etiquetas también comerciales de la empatía. Les parece doler que Gretha Thunberg provenga de los propios círculos raciales y económicos de donde proviene la propaganda negacionista y tenga la peligrosa influencia en las nuevas generaciones que llegarán a tomar decisiones definitivas en los próximos tiempos contra los cheques firmados sin caducidad. No les parece escandaloso, curiosamente, que los grandes potentados usen desde siempre el poder del lobby para que las leyes sean acordes a los pactos industriales y al Fondo Monetario Internacional que sigue regulando el mundo desde los términos estrictos de lo rentable aunque todo lo demás se derrumbe. Los insistentes voceros furibundos de la derecha internacional, que cuida celosamente sus costumbres, siguen repitiendo el mantra que les inyectaron con tanta facilidad y que tilda todos los discursos ecológicos como enfermedades mentales patrocinadas por el comunismo soviético, y al cambio climático como una fábula construida por Stalin para acabar con el capitalismo indispensable y amoroso. Seguirán difundiendo las falacias orquestadas para acabar con todas las voces que aparezcan para dejarlos en evidencia, aunque se sigan quejando de las tardanzas de la lluvia en los inviernos y de la inclemencia del sol que les incendia con odio sus pieles provenientes de razas sagradas y ajenas a la chusma.

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2019-09-28T01:30:57-05:00

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