Gripa porcina en Colombia

En este momento que atraviesa el mundo debido a la pandemia no declarada por la OMS, pero que es un hecho, me parece que las autoridades sanitarias colombianas son muy irresponsables.

Esta afirmación la hago porque entre todo lo que he oído que se está haciendo o se va a hacer para prevenir o controlar la llegada de este problema al país, nadie ha mencionado o se ha preguntado cómo vamos a hacer para diagnosticar con certeza que este virus N1H1 es el que estaría causando el problema en Colombia. Hasta donde tengo información, Colombia no tiene las herramientas tecnológicas para detectar el virus y aquí va a pasar lo que sucedió en México. Allá el diagnostico se hizo en Canadá y después de la muerte de más de 60 personas. Esto confirma que el debilitamiento o casi desaparición del Instituto Nacional de Salud y del ICA es un error de los gobiernos colombianos. Esta pandemia enfatiza la necesidad de fortalecer ambos institutos y también es prioritario desarrollar laboratorios en ambos institutos y en las universidades públicas para el diagnóstico y la investigación de las zoonosis (enfermedades que comparten seres humanos y animales) como esta influenza porcina o la aviar. En  momento la OIE llama a juntar esfuerzos con este eslogan: Un mundo, una salud.

 Olimpo Oliver. Bogotá.

La columna de Lorenzo Madrigal

Con todo y la ‘empastelada’ de la nota de Lorenzo Madrigal de este lunes, “Del despotismo al nepotismo”, apenas se pudo desenredar la idea que el maestro Osuna puso en conocimiento público, ya que debido al estropicio el escrito se desgració definitivamente en la parte sustancial del texto, por lo que interpretando seguramente la inquietud de muchos lectores, respetuosamente pedimos, tras el necesario tirón de orejas a quienes por la velocidad de las piruetas tecnológicas metieron mal el dedo en las teclas que no eran y no se dieron cuenta, se nos aclare el argumento de fondo del artículo, porque aparte de su apreciación inicial, muy del coleto conservador del autor y quizás por carambola de su copartidario Alberto Casas, el ejemplo del presidente Ospina y sus hijos no viene muy limpiamente al caso, pues con sólo pellizcar la memoria, los que no tragamos entero nos acordamos de las picardías de alguno de sus herederos en el exterior, pecado que empañó la tranquilidad de doña Bertha hasta sus últimos días; así como en la referencia que se hizo en la W al affaire de La Libertad y la Autopista al Llano, en el caso de López Michelsen; la relación López Pumarejo-La Handel, olvidó relacionar con el litis Caballero-Samacá y de ñapa el caso Mamatoco. Sin duda y salvo mejor opinión, ejemplo modelo de la actitud ética que se ha manejado en esto fue Lleras Camargo y su familia. Claro que ante el decadente espectáculo actual la memoria no descansa de evocar a Robledo Ortiz y su “Siquiera se murieron los abuelos…”.

 Antonio Ramírez Caro. Bogotá.

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