Por: Humberto de la Calle

Guantánamo otra vez

ESCALOFRIANTES LAS ESCENAS DE degradación propiciadas por soldados norteamericanos en Guantánamo, reveladas esta semana en Wikileaks. Desde niños sometidos a prisión indefinida, enfermos mentales y suicidios. Pero no se trata de hechos aislados. Así lo demuestran las operaciones seudojurídicas que dieron paso a una grosera violación del Estado de Derecho.

Como respuesta al 11 de septiembre, la administración estadounidense comenzó un trabajo silencioso para erosionar el edificio de protección de los prisioneros de guerra que se había construido sobre los cimientos de las Convenciones de Ginebra.

Primero se excluyó al Congreso de las decisiones que tomara el presidente Bush en su condición de comandante en jefe de la guerra contra el terrorismo. Esto aparece en el memorando suscrito porJohn Yoo (asistente adjunto del fiscal general), el 25 de septiembre de 2001. El 6 de noviembre de 2001, Patrick Philbin conceptuó que los detenidos en Guantánamo no eran simples prisioneros de guerra, sino “combatientes extranjeros”. Un aparente juego de palabras dirigido a excluirlos del Artículo 3 de la Convención de Ginebra sobre trato humanitario. “Esta Convención no protege a Al Qaeda ni a los talibanes”, se dijo de manera rotunda (Memorando de Rumsfeld del 19 de enero de 2002, refrendado por Alberto Gonzales, fiscal general, el 25 del mismo mes). El 7 de febrero de 2002, el presidente Bush, acepta estos argumentos.

Ya en este momento Guantánamo es una especie de prisión en el espacio exterior. No se le aplica la ley norteamericana, ni la civil ni la militar, porque no hace parte de su territorio, soslayando que desde hace más de 100 años Estados Unidos ejerce autoridad allí. Tampoco las leyes de la guerra. No hay reglas para juzgar a los presos. En muchos casos no hay cargos contra ellos. La prisión preventiva puede tener duración indefinida.

La mesa estaba servida. De ahí en adelante, se sienta la tesis de que sólo se entiende por tortura aquel acto que produzca dolor y secuelas físicas. William J. Haynes le escribe a Donald Rumsfeld el 27 de noviembre de 2002, que están autorizadas técnicas duras de interrogatorio, tales como sesiones de 20 horas, privación de luz, estímulos sonoros continuados, despojo de la vestimenta, privación del sueño, uso de fobias, mecanismos de terror, humillación, amenaza a los familiares, posiciones dolorosas y, por fin, la simulación de ahogamiento: en una toalla sobre nariz y boca se derrama una gran cantidad de agua.

Pero todo hay que decirlo: esto ocurría en la Secretaría de Defensa y la CIA. El Departamento de Estado no participó. El Secretario de Estado, Powell, y el embajador, Armitage, manifestaron su desacuerdo.

También hay que recordar que el presidente Obama ha intentado corregir esta situación y que durante la campaña prometió cerrar Guantánamo. No le ha sido posible porque el Congreso no aprueba los dineros necesarios para trasladar los presos. El propio Obama renovó la orden según la cual los 172 reclusos actuales podrán permanecer allí por tiempo indefinido.

Estados Unidos ha tenido una tradición de defensa de los derechos humanos. El pueblo americano no se merece este baldón. Debería volver a poner en práctica los pactos de Ginebra y someter a los presos a un juicio justo.

 

 

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