Por: Luis Carvajal Basto

¿Guerra comercial? Vienen más problemas

A China vs. Estados Unidos se suma la disputa en ascenso Estados democráticos vs. compañías globales.

El escenario internacional se está complicando mucho más de lo esperado: a la guerra comercial debe añadirse el conflicto creciente entre Estados nacionales y grandes compañías tecnológicas y financieras, fundamentalmente un problema de impuestos en que estas últimas comienzan a contraatacar. Facebook, asociado con otros conglomerados, con el lanzamiento de su propia criptomoneda, un desafío al que la Unión Europea y Estados Unidos ya responden con firmeza.

La disminución de ingresos de los gobiernos, una consecuencia de la ausencia de reglas mínimas en la globalización, ha llegado a poner en duda su convivencia con la democracia liberal. Ineficiencia, pérdida de credibilidad en la política y corrupción extendida son sus motivos más sobresalientes, aprovechados, hasta ahora, por propuestas de naturaleza populista.

El mundo pareciera estar acercándose a una situación de “sálvese quien pueda”. Mientras Europa está a la expectativa de los efectos del brexit, cuyo siguiente episodio más probable será el acceso al gobierno de Boris Johnson, quien fuera uno de sus principales promotores, los Estados Unidos, cada vez, confirman su división interna y su agenda comienza a girar en torno a la reelección del presidente Trump.

¿Guerra con ganadores? En la balanza comercial Estados Unidos-China, al 30 de junio, luego de un mes de las correspondidas subidas de aranceles, el superávit chino aumentó un 11% en lugar de disminuir. Trump pierde, por ahora, una batalla.

Hace un año el gobierno norteamericano había forzado a Apple al pago de una suma cercana a los 38.000 millones de dólares por cuenta de sus ingresos en el extranjero, situación que “justifica” sus posturas. El jueves pasado el presidente trinó: “Un tema importante hoy en la Cumbre de medios sociales en la Casa Blanca será la tremenda deshonestidad, sesgo, discriminación y supresión practicada por ciertas compañías. No dejaremos que se salgan con la suya mucho más tiempo. Los medios de noticias falsas también estarán allí, pero por un período limitado”.

Su copartidario el senador Josh Hawley fue más preciso: “Y es por eso que debemos intensificarnos y creo que debemos decirles que este es el trato, Google, Facebook, Twitter, que obtuvieron los acuerdos especiales del gobierno. Han recibido un regalo especial del gobierno. Son tratados como nadie más. Si quieren mantener su trato especial, este es el trato, tienen que dejar de discriminar a los conservadores. ¿Estás de acuerdo con eso? No más. No más discriminación”.

¿Tratos especiales del gobierno? ¿Impuestos? ¿Censura a los conservadores? ¿Indulgencias? ¿Presión a medios y redes sociales? ¿Y los principios de la democracia liberal? ¿Y los contrapesos? ¿Y las libertades? Vivimos una época con escasos precedentes, de tanto riesgo para las instituciones democráticas.

Si resulta difícil que, en el largo plazo, y en todo caso después de las presidenciales norteamericanas, la oleada proteccionista en EE. UU. y Reino Unido pueda controvertir los resultados de décadas de expansión de la economía mundial de la mano del libre comercio, podría no ocurrir lo mismo con la manera en que los Estados nacionales han perdido recursos e influencia como consecuencia de imperfecciones en la globalización. ¿Resucitará el proteccionismo a escala global como respuesta? Siempre encontraremos expresiones de inconformidad susceptibles de canalización electoral.

A propósito, una reciente encuesta realizada en Estados Unidos y dirigida por Carl M. Cannon, un reputado experto, muestra datos reveladores: los votantes se encuentran divididos, incluso a nivel generacional, frente a los impuestos a las importaciones chinas, pero el efecto en términos del colegio electoral (que decide el presidente) puede considerarse “neutral”, en cuanto el 43% considera que los aranceles tienen efectos positivos y otro 43% observa efectos negativos. Puede no ser rentable en la contienda electoral insistir en el tema.

De acuerdo con esa tendencia, en un año preelectoral, la guerra comercial puede pausar mientras se resuelve el brexit y se deciden unas elecciones en las que Trump mantiene un 44 % de aprobación y perdería, por muy poco, con su más fuerte y probable contendor, el exvicepresidente Biden, si es que pierde.

No parece este el mejor momento para la democracia mundial ni para afrontar el inmenso desafío planteado por las grandes compañías. Si estamos afectados por la guerra comercial vale considerar que vienen más problemas.

@herejesyluis

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2019-07-15T05:08:24-05:00

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