Guerra de clases desde arriba

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Si se quiere iluminar lo que en verdad esta detrás de la protesta global, nos esperan al menos tres tareas.

La primera es histórica. Consiste en traer a la luz el tan importante como ignorado capitulo de las relaciones que constituyen entre nosotros el nexo entre racialización y clase. Aquí, cabe partir de una serie de documentos históricos significativos. Por ejemplo, la carta memorial escrita en 1615 por Waman Puma de Ayala al entonces rey de España, las cartas y memoriales dirigidas al imperio británico por la líder matrilineal Creek Coosaponakeesa y la esclava Phillis Wheatley entre 1747 y 1774, o la carta dirigida por Karl Marx desde Londres al entonces presidente de los EE. UU. Abraham Lincoln en 1864. Constituyen el fundamento de la tradición a la que apelan de manera mas o menos explicita los movimientos de protesta actuales.

La segunda tarea, sociológica, es preguntarse quiénes son los agentes del cambio o la inercia estructural. Quiénes aparentan querer el cambio para que nada cambie, y quiénes se están jugando la vida en las calles al enfrentar el aparato racista de represión policial y a los milicianos paraestatales. Éstos existen tanto en los Estados Unidos de Trump como en la Colombia narcofascista y en el Reino (des)Unido de Johnson. Su capacidad violenta varia en cada caso: de proteger estatuas o enfrentar la protesta antifascista a dejar intocados los currículos educativos que en países como Inglaterra rara vez mencionan el imperio (como no sea para celebrarlo) o activar formas de violencia física conectadas a la epistemológica como en el caso de los linchamientos y los asesinatos de líderes sociales. Esta cuestión poco o nada tiene que ver con “políticas identitarias.” Al contrario, tiene que ver con la cuestión de las identidades políticas, esta sí real y concreta.

La tercera tarea es política-estética. Reconsiderar la naturaleza y construcción del público, las imágenes y discursos públicos en la esfera de la comunicación. Allí, donde reina la ley moral de la imagen y se construyen las imágenes morales de libertad, cabe sentir y pensar el papel de lo imaginario en procesos de cambio y conservadurismo socio legal y político. La posibilidad de la utopía.

En conclusión, interrogar el profundo entrelazamiento entre la raza y la clase. Lo hacen explicito los reportes de salud publica y pandemia. Al cruzar condicionantes de salud como vivienda, sanidad, alimentación y empleo con el dato de contagiados y muertos se hace evidente que dichas comunidades han sido marcadas y excluidas del universo de servicios básicos bajo el supuesto de que no les debemos nada. Son migrantes, campesinos, indios, negros, otros. Así se hace imposible la unión de quienes producen la riqueza común al tiempo que los propietarios sellan su alianza con una mayoría de trabajadores en los sectores medios que se percibe “blanca”. Guerra de clases desde arriba.

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