Por: Ramiro Bejarano Guzmán

La guerra de los momios

ESTO ESTÁ QUE EXPLOTA. HASTA EL momiaje caleño, cuyos solemnes miembros de dientes para afuera aparentan ser solidarios entre sí —aunque cuando vienen a Bogotá, denigran unos de otros—, está ardiendo por cuenta del Festival Internacional de Danza, que promueven Incolballet y la Bienal de Danza, que organiza Proartes.

La pelotera radica en que en Incolballet la voz cantante es Gloria Castro, una señora respetada que no sufre de genuflexión frente al excluyente momiato, mientras que del lado de Proartes está la poderosa Amparo Sinisterra de Carvajal (ASC), consentida y consentidora de los heliotropos caleños y de la ministra de la Cultura, Mariana Garcés.

El florero de Llorente consiste en que el cineasta Carlos Palau con razón ha criticado a la ministra Garcés, porque entregó $1.400 millones a Proartes para apoyar sus labores, generosidad que no se ha tenido con Incolballet. El comentario de Palau alinderó en dos bandos a los caleños: la gente independiente que respeta el trabajo de Gloria Castro (Incolballet) cerró filas con ella, pero el momierío apoya a ASC (Proartes).

El problema es que la ministra es íntima de ASC, como lo reconoció en una accidentada carta suya dirigida a otro momio trompadachín —Diego Martínez— que circula por la internet, y fue su cercana subalterna en Proartes. Y, claro, aunque Mariana Garcés se enfurezca y amenace con judicializar a todo el mundo, lo cierto es que no se ve bien, ni ética ni estéticamente, que siendo ella la ministra, y habiendo estado vinculada a Proartes y reconociendo su cercanía con la señora de Carvajal, tan cuantiosos dineros oficiales lleguen a las arcas de la entidad a la que ella le debe tanta gratitud.

Como tampoco se ve bien que la Alcaldía de Cali, presidida por el momio Rodrigo Guerrero —casado con la linajuda dama María Eugenia Carvajal, de los Carvajal prepotentes dueños hasta del aire— además le haya desembolsado a Proartes la suma de otros mil millones de pesos para impulsar la Bienal de Danza. Más claro no canta un gallo.

Y el asunto se vuelve todavía más áspero después de que Aura Lucía Mera —también momia de los pies a la cabeza— afirmara en una columna que al poder de la señora Sinisterra hay que agregarle el que le da el dinero “y su amistad personal con la esposa del presidente Santos”. Mejor dicho, lo que era un lío parroquial de unos momios caleños disputándose la precaria importancia que pierden apenas salen del Valle del Cauca, está tocando las puertas de la casa privada de la Casa de Nariño. Y no menciono otra carta enviada a la Mera por un obsecuente adorador de ASC, que circula en las redes sociales, porque su principal argumento es insinuarle a la destinataria de su misiva hechos de su vida íntima ya superados. Grotesco, pero es lo que da la tierra.

Es una lástima que la ministra Garcés hubiese perdido la serenidad. No solamente en su carta de marras publicitó las innumerables razones por las cuales idolatra a ASC, las mismas que debieron haberla advertido de que desembolsarle a Proartes $1.400 millones no iba a caer nada bien, sino que en un gesto de intolerancia expresó en forma airada no estar dispuesta a soportar la “injuria”, como ella califica la crítica a la que tiene que saber que está expuesta, y por eso decidió “acudir a las instancias judiciales necesarias”. Qué tal, la ministra propicia la cultura, pero la de la litigiosidad, acosando judicialmente a quienes opinan que fue desafortunado, por decir lo menos, que en su administración se desembolsaran $1.400 millones a la entidad de las entrañas de su protectora y de las suyas propias.

A mis amigos caleños, que entre asombrados y divertidos me han aproximado a este enredo que retrata de cuerpo entero la flor y nata caleña, les reitero que se cuiden, no olviden que pelea de momios, demócrata muerto.

Adenda. Mientras el consejero de Seguridad, Francisco Lloreda, anuncia que hay que cancelar el torneo de fútbol profesional, otra cosa dice el ministro del Interior. ¿Estará sobrando el consejero?

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