Por: Lorenzo Madrigal

Guerra en las fronteras

IRA E INTENSO DOLOR HA CAUSADO en Colombia la actitud del gobierno ecuatoriano, al querer poner preso a quien fuera aquí (país autónomo, autodeterminado y con jurisdicción propia) ministro de la Defensa. Cualquiera sea la valoración política interna que de él se tenga.

El pleito estriba en la llamada Operación Fénix, en la cual Colombia incursionó con atrevimiento en territorio vecino, si bien en contra de enemigos internos, que burlaban su Ejército mediante el cruce de la frontera.

De hecho estaba la guerrilla colombiana asentada en territorio ecuatoriano, a un tiro de piedra de sus objetivos colombianos y todo parece que a ciencia y paciencia del gobierno vecino. Que en Colombia es donde hay más asentamientos guerrilleros, dice el presidente Correa. Sí,  pero aquí se persiguen.

Una de dos actitudes pudo tomar, ante estos hechos, el gobierno del señor Correa: adoptar la postura indignada que asumió, valorando la indebida incursión como un acto de guerra de país enemigo. Otra, la de un reclamo de tono menor con el vecino, constantemente burlado en los hitos fronterizos, por amigos del terrorismo. La colaboración de ambos países era imperativa en este caso y sigue siendo inexplicable por qué no se concertó la acción ofensiva.

Colombia pidió excusas en foro interamericano y pudimos ver a nuestro presidente avanzar en actitud sumisa hacia el mandatario ecuatoriano, quien recibió el gesto de su homólogo con aquella mirada devastadora —y un tanto fingida— que registraron medios y caricaturistas.

La reacción ecuatoriana, llevada ahora al delirio, más parece un sentimiento por el ataque a los rebeldes colombianos, como si se fuera cómplice de ellos. Y por el hallazgo de computadores indiscretos, cargados de historia guerrillera, que se pensó estarían seguros a diez kilómetros del territorio nacional.

La persecutoria a Santos, odiado de tiempo atrás por el dictador Chávez, quien dirige la orquesta de lo que está sucediendo, puede conducir a que se exalte aún más a Juan Manuel Santos para suceder al reelecto Uribe en la Presidencia de Colombia. Es lo que sus enemigos de las fronteras pueden estar temiendo y lo que pretendían torpedear con una acción penal internacional.

Corresponde, en todo caso, proteger a Santos del desafuero y al país del desafío. Hay que confiar en que no se pasará a mayores y en que la altisonante verborrea se apaga como se enciende. Cabe recordar, sin embargo, al personaje varias veces mencionado en esta columna, cuando desechó toda acción opositora interna, durante el conflicto fronterizo del treinta. Fue esta su consigna: “Paz, paz en el interior; guerra, guerra en las fronteras”.

 

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