Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Guerra sin licencia ambiental

Ante los recientes hechos de guerra, donde las Farc han adelantado acciones que generan gran deterioro ambiental, un asiduo lector me decía con indignación y profunda convicción: “Diga en su columna que Farc y Gobierno están haciendo y ganando la guerra contra el ambiente y contra los más pobres y vulnerables”.

En la guerra, el medio natural es el espacio de confrontación, que se degrada, y donde los más pobres son los más afectados. En ninguna confrontación armada se considera condición el respeto por el medio natural y su deterioro desplaza y hace aun más pobres y vulnerables a los que obtienen su sustento directamente de la naturaleza.

Uno de los políticos más importantes de nuestro tiempo, quien ya se comprometió con el apoyo al proceso de paz de Colombia, el papa Francisco, en su encíclica dedicada al medio ambiente —Sobre el cuidado de la casa— dice acertadamente: “La guerra siempre produce daños graves al medio ambiente y a la riqueza cultural de las poblaciones”. Su mensaje central es que la conservación del medio ambiente y la superación de la pobreza van juntos, pues ésta no es posible sin la otra. Adicionalmente, alerta sobre el desplazamiento masivo de los más pobres debido al deterioro ambiental.

La confrontación en Colombia tiene la particularidad de que los dos actores armados comparten como argumento central el supuesto propósito de generar mejores condiciones de vida para las comunidades, ambos dicen hacer la guerra en defensa de los intereses de los pobres y para beneficio de la población colombiana. Esto significa que es el pueblo el que tiene la autoridad y la responsabilidad de solicitar y presionar para que sigan o paren la guerra. Desde esta perspectiva, es oportuna la propuesta de Alianza Verde de usar las próximas elecciones para que el pueblo exprese su deseo de poner límite a las conversaciones de La Habana.

Hay que revisar si el aspecto clave es fijar un límite de tiempo a las negociaciones o definir un mensaje pedagógico que los colombianos le enviemos a los actores del conflicto, para que las dos partes reconozcan que esa guerra no nos pertenece, que no la validamos y que ni uno ni otro la pueden adelantar a nombre del pueblo. Hoy, la confrontación armada tiene otros intereses y para las comunidades sólo trae zozobra y pobreza, generando mayor desplazamiento, corrupción y deterioro ambiental y social.

Como ambientalistas, interesados en un desarrollo sostenible e integral y en la conservación de los ecosistemas, sabemos que la guerra siempre se hará sin licencia ambiental y que el respeto a la naturaleza nunca será una prioridad para los actores armados.

No nos interesa que ninguno de los dos gane, sino que se detenga la guerra. Ésta es la condición para disminuir la pobreza, gestionar la conservación del medio ambiente y tomar la ruta del desarrollo sostenible. Para mejorar la calidad de vida necesitamos paz, mayor equidad y un ambiente sano, y ello exige aporte y gestión de todos.

 

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