Por: Reinaldo Spitaletta

Guerrilleros con jaqueca

PARA SER PRECISOS Y ATENERNOS A las palabras del Presidente, la operación de rescate de Íngrid y otros catorce rehenes de las Farc, fue iluminada por el Espíritu Santo, tuvo la protección del Señor y de la Virgen (no se sabe en cuál de sus numerosas advocaciones) y se convirtió en una de las “mayores epopeyas épicas (sic) de la historia de la humanidad”. Y es en ese punto cuando uno se acuerda de uno de los hermanos Marx: “Inteligencia militar son términos contradictorios”.

Sin embargo, la exitosa ‘Operación Jaque’ parece contradecir al histriónico Groucho y por fin se pueden unir lo militar y la inteligencia. De todo se ha dicho acerca de la cinematográfica acción y los generales, el Mindefensa y Uribe han recibido sus respectivas laudes, hubo llantos y plegarias, se evocó al caballo de Troya, se recordaron rescates como los de Entebbe y el de Fujimori en Lima, se apreció el “sentido de pertenencia” de la liberada ex candidata con los atuendos militares y su gusto por otra reelección presidencial…

Además de contar detalles del operativo, de mostrar videos y los ojos amoratados del guerrillero “alias César”; de que el general Montoya agradeciera al Señor de los Milagros; de la felicidad colectiva por el rescate incruento; de los chismes sobre si Íngrid miró con desprecio a su segundo marido, en fin, la epopeya también alcanzó para ventilar posibles candidaturas; por ejemplo, que Íngrid podría ser una adecuada sucesora de Uribe en el remoto caso de que el Presidente desistiera de su aspiración, o de que se atravesara el ministro Santos, al cual ya le hicieron los guiños respectivos.

El rescate pareció una reedición aumentada y corregida de realismo mágico, en un país que lleva en conflicto interno más de cincuenta años y que algunos ya ven como el “fin del fin”. Hubo llamamientos, incluso de Chávez y Correa, a que las Farc entreguen el resto de rehenes y abandonen sus métodos extorsivos y que acepten el fracaso de la lucha armada en Colombia, al tiempo que Fidel Castro concluía: “Nunca apoyaré la paz romana que el imperio pretende imponer en América Latina”.

No faltaron los “aguafiestas” que apuntaron sobre el pago de veinte millones de dólares con los que se habrían “comprado” los secuestrados a las Farc. Detrás de la transacción estarían los Estados Unidos. Ni los que recordaron palabras de Yolanda Pulecio: “Me he opuesto a que los hijos de Íngrid vivan en Colombia por temor a que Uribe, su ejército o sus paramilitares les hagan daño”. O los que, ebrios de júbilo, afirmaron que era la noticia más importante de la historia de Colombia. Bueno, ya se sabe que, según el rigor oficial, fue una de las mayores epopeyas de la historia universal.

De todo se ha dicho sobre el Jaque. Aunque, como señaló en El Tiempo el general Padilla, toda la verdad de la operación “de pronto nunca se sabrá”. No faltó la señora (la calificarán de antipatriota) que advirtiera que estaba “mamada” de ver a la franco-colombiana en el desayuno, el almuerzo, la comida y la merienda (al menos no aguanta hambre); ni el anarco de humor negro que dijo tener “orgasmos con Íngrid”, ni el otro que quería gritar en la lengua de Rimbaud y Balzac: “Uribe Je t’aime”. Ah, y los memoriosos dijeron que con todo y Jaque no olvidarán la yidispolítica, ni los atentados contra las cortes ni los cuatro millones de desplazados ni las fosas comunes de los paramilitares…

No sobra decir, para estar a tono con los acontecimientos, gracias Espíritu Santo por los favores recibidos.

 

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