Por: María Teresa Ronderos

Guía para votar en un país anormal

Colombia no puede tener elecciones normales porque está en guerra y en posguerra, y sufre por la corrupción que destilan las dos.

Por más Plan Democracia para evitar que las ráfagas de las metralletas marquen el compás de la jornada electoral, por más cigarrillos que se fume Vargas Lleras devanándose el seso para atajar las mil y una maneras de hacer trampa en elecciones, por más cuentas claras que imponga el Consejo Nacional Electoral, los comicios no serán los de cualquier democracia.

El sangriento conflicto del suroccidente cobra víctimas civiles y deja a los pueblos sin opciones. En Magüi Payán, Nariño mataron al candidato a la alcaldía Luis Gonzalo Martínez. Y bandoleros asesinaron a Luis Eduardo García, que aspiraba a gobernar El Tambo, Cauca. En lugares de Valle y Antioquia, la bacrimpolítica ha sustituido a la parapolítica, como en Vijes, Valle, donde un sicario mató y remató sin piedad al concejal Carlos Arbey Guerrero que aspiraba a la reelección. Y en la Comuna 1 de Medellín, un personaje llamado ‘Mundo Malo’ (¡cómo será!) de la banda de ‘Sebastián’ está invitando con amor a que voten por sus candidatos a la Alcaldía y al Concejo.

El primer paso para votar exige de quienes pueden hacerlo sin un fusil apuntándoles, y de quienes logran ver más allá del sancocho del día, ponerle algo de racionalidad a su escogencia.

El segundo es hacer valer la autonomía ciudadana. Como en Bello, por ejemplo, donde un grupo tomó la valiente decisión de patear el tablero y votar en blanco, porque los partidos los han insultado ofreciéndoles como opción a un solo candidato a la Alcaldía, para colmo ficha de un destronado senador parapolítico. En González, César y en Herrán, Norte de Santander, hay elecciones de candidato único. Allá la gente debería votar en blanco. También tendría que hacerlo donde quiera que la opción sea entre un parapolítico y un delincuente. Si obtienen la mayoría simple, obligarán a que se realicen nuevas elecciones, sin que puedan participar los partidos ni los candidatos derrotados.

Lo tercero es mirar si su candidato ha publicado las finanzas de su campaña en Cuentas Claras (www.cnecuentasclaras.com). Si no lo ha hecho, no vote por él. Y si sí, fíjese si éstas cuadran. Por ejemplo, ¿cómo es que el candidato a alcalde de Cartagena, Campo Elías Terán, reporta 905 millones de pesos en gastos, un monto mayor que el de los aspirantes de Cali, Medellín y Barranquilla y encima sólo reporta ingresos por 706? ¿No puede contar quién puso la diferencia? ¿Qué le cobrarán sus generosos donantes cuando sea alcalde? ¿Y qué hay de otras campañas financiadas por contratistas del Estado? No fijarse bien en las cuentas de campaña es arriesgarse a llorar por los negociados del futuro.

Por último, mida a los candidatos aceptables por tres criterios adicionales que sirven de prueba ácida para elegir al mejor: si lo mueve el compromiso de defender el interés público, si tiene el carácter para defenderlo y si tiene el liderazgo para armar un buen equipo. Un tipo templado y de hábil liderazgo, que cree que gobernar es repartir la marrana con los amigos, tendrá en poco tiempo a su ciudad con el espeso brebaje de la corrupción y la violencia al cuello. Un aspirante de buen talante y sin personalidad no le sirve a esta democracia de alacranes. A otro, con los ideales y la osadía indispensables, pero que sólo sabe rodearse de mediocres, la ciudad le será un traje demasiado grande para la medida de su soledad.

Piense dos minutos en su voto, haga la tarea; nuestra apabullada democracia sabrá agradecérselo.

 

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