Por: Mario Fernando Prado

Guiños clericales

NO DEBEN PASAR DESAPERCIBIDOS los ruegos del episcopado al acorralado jefe de las Farc, cuyas "semanas están contadas" a decir del general Naranjo, comandante de la Policía. (A propósito, ¿por qué tiene más presencia en los medios la Policía que el Ejército, que es quien le está respirando en la nuca a Cano?).

La sacrosanta actitud de “tenderle la mano al hermano colombiano” a semejante bandido no parece tener origen en el seno episcopal. De ser así, estaríamos en otro afloje con la insurgencia. Se sabe que las sotanas han mantenido otra postura más férrea e inflexible: ¿Por qué entonces ahora se viene con semejante apertura al diálogo? ¿Acaso las conversaciones no estaban rotas? Así no hablaba Monseñor Rubiano.

Otra posibilidad es que los obispos le estén haciendo un mandado al alto gobierno que por interpuestas personas está buscando otra salida al conflicto previendo lo que pueda suceder con unas Farc sin su principal dirigente.

De caer abatido Cano como se viene vaticinando —porque ni se va a entregar ni menos lo van a dejar vivo para juzgarlo y que de golpe lo suelten y condenen a quienes lo apresaron— la venganza y el desespero de las Farc les llevaría a perpetrar actos terroristas por doquier en una operación avispa de retaliación sin antecedentes que desestabilizaría el clima de calma chicha en que vivimos.

Por otra parte, la derrota para el terrorismo, con la cabeza de su máximo líder exhibida como un trofeo de la victoria, llevaría a la reflexión a buena parte de su militancia: ¿valdría la pena seguir en un movimiento acéfalo y derrotado en su cúpula?

De ahí entonces la invitación de los obispos, orquestada seguramente por la Casa de Nariño, que no es para Cano, sino para sus huérfanos, que tendrían en esa mano tendida la oportunidad para que al menos les perdonaran la vida…

 

 

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