Notas de buhardilla

Guion mentiroso y cínico

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Duque creyó que podía tener contentos a todos y que el “presidente eterno” lo dejaría gobernar si el uribismo purasangre recuperaba el control de la seguridad y la inteligencia.

Para eso nombraron ministro de Defensa al controvertido Guillermo Botero, otro dirigente gremial y desastroso ministro que generó una gravísima y prolongada crisis en las Fuerzas Militares. En su accidentado ministerio salieron a la luz pública inquietudes sobre nuevos falsos positivos y el fatal bombardeo a un sitio donde supuestamente se encontraban disidentes de las Farc en el que resultaron acribillados una niña de 12 años y al menos siete menores. Esa fue la gota que rebosó la copa, pero Botero dejó una estela de su ideología de ultraderecha, que no ocultó en ningún momento pues la exhibió con soberbia, como cuando en un consejo comunal pretendió minimizar los ataques a la población civil sosteniendo que se trataba solamente de robos menores de prendas de vestir.

¿De dónde salió políticamente Botero? De la manga del expresidente Uribe, quien lo defendió a capa y espada en el largo año que condujo el ministerio que se le salió de las manos a Duque.

Algo similar ha ocurrido con el almirante (r) Rodolfo Amaya, otro uribista furioso, a quien le entregaron la Dirección Nacional de Inteligencia. Los ratones cuidando el queso.

Los resultados del experimento de haberse desprendido el Gobierno de la seguridad y la inteligencia están a la vista. Pasó lo que era inevitable que iba a suceder, porque “loro viejo no aprende a hablar”. Hoy seguimos asistiendo a la filtración de información de inteligencia para difamar a los críticos, al parecer entregada por encumbrados agentes del partido de quienes mandan. Con la seguridad y la inteligencia en manos del uribismo recalcitrante, tenía que repetirse lo que sucedió durante los tenebrosos gobiernos de la Seguridad Democrática, también presididos por Álvaro Uribe.

Editorialistas y columnistas preguntan: ¿por qué se repiten estos abusos? Hay inconsistencias en la ley de inteligencia, sin duda, pero el problema se llama uribismo, que en estas materias hizo a un lado al subpresidente. Duque intentó rescatar el control, al menos de la seguridad, y para eso designó como ministro de Defensa al equilibrista que ha estado en todos los gobiernos desde el de Virgilio Barco en adelante: el inefable Carlos Holmes Trujillo, consentido de las agresivas redes sociales al servicio del partido de gobierno, desde donde calumnian a quienes piensan diferente.

Cuando en la temida Seguridad Democrática se descubrieron chuzadas y espionaje contra magistrados, políticos y periodistas, el uribismo acuñó un libreto idéntico al que ahora Trujillo y Duque invocan para defenderse. Uribe sostuvo, sin sonrojarse, que él también había sido chuzado, porque le habían interceptado la famosa conversación de “si lo veo, le doy en la cara, marica”, y otra más con el entonces presidente de la Corte Suprema. Ninguna de esas dos conversaciones fue interceptada, pues la primera fue grabada directamente desde Palacio y en la segunda el interceptado fue el magistrado. Pero el Gobierno fungió cínicamente como víctima de las chuzadas y no victimario.

Hoy se repite la coartada, alegando que como entre los “perfilados” estuvo el tocayo Jorge Mario Eastman, ex secretario general de Duque, ello confirma que el Gobierno fue víctima. ¡Falso! No se trató de un ataque a la seguridad nacional, como lo afirma el grandilocuente ministro Trujillo, pues ni siquiera se sabe si ese malhadado perfil se elaboró mientras Eastman estaba en la Casa de Nari o luego de ser nombrado en Roma, como tampoco se sabe si se trató de una averiguación pensando en recoger material por si se confirmaban los rumores de que podría ser nombrado ministro de Defensa, como lo creo.

Que no nos crean bobos. El Gobierno no fue una pobre víctima esta vez, ni lo fue antes, ni lo será jamás mientras el uribismo siga siendo amo y señor de la seguridad y la inteligencia.

Adenda. Es un desafío a la moralidad pública que el Gobierno haya celebrado un contrato en plena cuarentena por $3.350 millones para manejarle la imagen al subpresidente Duque en redes sociales, además con Du Brands SAS, contratista privilegiado del uribismo. ¿De cuáles “atenidos” estaría hablando la locuaz vicepresidenta?

notasdebuhardilla@hotmail.com

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