Por: Reinaldo Spitaletta

Habemus Tratado

En la entrega del país a los intereses extranjeros, Santos es peor que Uribe. Lo que no es raro ni es noticia.

Es la esencia de su pensamiento y ejecutorias neoliberales. Además, por tales y otros motivos está en la presidencia: un peón más de Washington. En el caso de la suscripción del TLC con Estados Unidos, con notorias desventajas para la “neocolonia”, el gobierno colombiano demostró, de nuevo, su prosternación a la política exterior norteamericana.

Y a qué, se dirá, que uno, que no está entre vacas, ni es un agricultor, ni siquiera sabe ordeñar, porque me parece que por los campos colombianos todavía hay ordeñadores, digo a qué tiene que hablar del gran tratado, por el que hubo fiesta de importadores y de exportadores –y de algunos periodistas- el pasado 12 de octubre, el día de Colón y de la posterior desgracia para los pueblos amerindios, a qué viene decir que el TLC no es más que un mecanismo para agrandar la economía gringa y disminuir la nuestra.

Si uno no tiene industrias y ni siquiera tiene acceso al mercado de valores, para qué ponerse a decir que el TLC es una desgracia para el debilucho aparato productivo nacional. Uno (ah, y usted, yo, aquél), es sólo una víctima de la economía. De todos modos, no deja uno de preocuparse cuando, por ejemplo, lee los testimonios de pequeños empresarios del campo colombiano. ¿Seremos capaces de afrontar esa competencia? ¿Mantendremos nuestros trabajos?

Por ejemplo, según un cable de la AP, dos campesinos de la amplia zona cundiboyacense, la que, de acuerdo con cifras, es la productora del treinta por ciento de la leche, advierten su desazón porque, aunque dicen no saber nada sobre el famoso tratado, los precios caerán. “Y si los precios caen, saldremos del ganado y lo vendemos, qué más se va a hacer”. Un estudio de tres economistas colombianos (la AP no los identifica) de 2009, señala que 1,4 millones de hogares de pequeños agricultores verán caer su ingreso en 10,5 por ciento debido al tratado. Los productores de pollo, cerdo, trigo, arroz, maíz, serán severamente golpeados a causa de las importaciones de productos subsidiados de Estados Unidos.

Pero eso qué importa, si somos parte de la globalización del capitalismo. Qué más da, que para eso existen las transnacionales que lo ganarán todo. Qué diablos interesan los lecheros de por aquí, si además, de todas maneras se van a quebrar con el otro tratado con la Unión Europea. Que lo que en rigor es clave es el fortalecimiento de la economía gringa y de sus intermediarios por estas tierras. Dan Kidd, agricultor de trigo en Montana, E.U., dijo que el tratado apenas le permitía a su país reconquistar la porción de mercado perdida frente a Canadá, Brasil y Argentina. “En Colombia hemos perdido el cincuenta por ciento del mercado del maíz… el tratado debería darnos la oportunidad de llevarnos a donde estábamos”.

El Tratado de Libre Comercio es, sin duda, una profundización y perfección de la apertura económica (¿se acuerdan de “bienvenidos al futuro” ¿), con ganancias extraordinarias para una de las partes, que no es precisamente la colombiana. Los TLC, según dice la oposición, están montados sobre mentiras. No es verdad que para venderles a los gringos, haya que tener un tratado con ellos. Dicen por ahí que otra vez se llevarán el oro y ni siquiera nos dejarán espejitos. Y además, continuarán las privatizaciones. ¿Acaso lo de la ley 30 no es parte de lo mismo?

Ah, tanto se habla de derechos humanos y éstos están sometidos a los negocios y el lucro de las transnacionales. Pasó hace tiempos en Europa para que les vendiéramos más barato el banano. Hoy, Obama y el imperio, “permutan” sus negocios por derechos humanos. Esperemos, por lo pronto, que no asesinen más sindicalistas.

Qué importa si no se puede promover el desarrollo social ni fortalecer el mercado interno y la industrialización en Colombia. Qué importa si aumentan el desempleo y la pobreza y la concentración de la propiedad de la tierra. Qué importa si perdemos la soberanía, que hoy en día a nadie le interesa. Lo que importa es que tenemos tratado. Qué maravilla.

Posdata. Una curiosidad: en Bello, Antioquia, hay mucha gente leyendo Ensayo sobre la lucidez, de Saramago. Aspiran a que gane el voto en blanco.

 

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