Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Habitante en calle versus habitante de calle (1)

El habitante en calle existe y existirá. Considerando sus derechos y obligaciones, debemos buscar mayor armonía en la coexistencia urbana. De otra parte, el habitante de calle —aquel que duerme en el espacio público— es una condición que como sociedad podemos y debemos superar.

Desde la Constitución Política de Colombia, y mediante fallos de la Corte Constitucional, se busca reconocer y aliviar la situación de los habitantes de calle, dada la especial situación de vulnerabilidad y marginalidad en que se encuentran. Esto impide tomar medidas coactivas y represivas contra ellos, incluso si su modo de vida resulta reprochable o perjudicial para una parte de la sociedad. La dignidad humana y la libre determinación de la persona se erigen como pilares fundamentales de nuestra Constitución (1991) y de su aplicación depende la solución para el habitante de calle.

El habitante en calle, entendido como aquella persona que encuentra su sustento y su forma de vida en la calle, no es lo mismo. El habitante de calle es la persona que, además de lo anterior, duerme en la calle. Con el primero tenemos que definir acuerdos de coexistencia; para el segundo debemos buscar soluciones que eviten que duerma y enferme en la calle. Esta condición lo hacen más vulnerable y generan rechazo y riesgo por y para muchos otros habitantes de la ciudad.

En todos los países del mundo, en ciudades grandes y pequeñas, ha existido y existirá el habitante en calle. En Nueva York, que es la ciudad más rica de Estados Unidos, se estima que hay más de 60.000, y en Francia la cifra supera los 80.000.

En el otro extremo, en Nueva Delhi, nadie se atreve a dar un número sobre cuántos habitantes de calle hay, pero se recogen anualmente más de 3.000 cuerpos de personas que mueren en sus calles. Se dice que una de las principales fuentes de contaminación de la ciudad son las hogueras que con plásticos arman los habitantes de calle para pasar las frías noches de invierno.

Gran parte de la sociedad colombiana pretende tratar igual al habitante en calle y al habitante de calle, y los asocia con el consumo y la distribución de droga y alucinógenos. En realidad, son dos grupos muy distintos y eso me lo explicó con gran claridad un reciclador de Armenia, habitante en calle, quien me dijo: “Soy reciclador, no un habitante de la calle. Tengo mi hogar”.

Para superar algunas dificultades que viven los habitantes de y en calle, y otros habitantes urbanos, es necesario que para el habitante de calle se construyan suficientes albergues para su alojamiento. Para que estos albergues funcionen deben ser amables y atractivos para los habitantes de calle. Esto exige buenas condiciones materiales y un trato amable y no discriminatorio. Satisfecha esta condición, debe existir una norma que prohíba pasar la noche durmiendo en la calle o en cualquier lugar público. Impedir que pasen la noche a la intemperie evita problemas para su salud y sensación de riesgo y peligro para los vecinos.

Seamos amables con el habitante en calle y erradiquemos la condición de habitante de calle.

 

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