Por: Gustavo Páez Escobar

Habla Jacqueline Kennedy

En diciembre de 1961, el mismo año de la iniciación de su gobierno, estuvo en Bogotá John F. Kennedy acompañado de su esposa Jacqueline. Vino a inaugurar la urbanización del barrio Kennedy, así bautizado en honor del presidente. Este sector, hoy uno de los más poblados de Bogotá, se concibió con el fin prioritario de darles vivienda a las víctimas de la violencia.

La obra contó con recursos de la Alianza para el Progreso, plan de ayuda económica y social de Estados Unidos para América Latina creado por Kennedy. En dicho acto se tomó una foto que se haría famosa, donde aparece el presidente Alberto Lleras Camargo al lado de Jacqueline Kennedy, él con su habitual seriedad y porte sobrio, y ella con el semblante tierno que siempre la distinguió. Si se observa con atención la foto, podría inferirse que la primera dama de Estados Unidos se siente muy grata con la proximidad del mandatario colombiano.   

Pasados 50 años de aquel suceso, viene a saberse, por confesión que hizo Jacqueline al historiador Arthur J. Schlesinger, que Lleras Camargo, a quien ella conoció en aquella oportunidad, fue uno de los estadistas que más admiró. Lo describe como “nórdico en su tristeza”. Concepto que adquiere alto significado, teniendo en cuenta que la ilustre dama estuvo cerca de los mayores personajes del mundo. Y nadie la impactó tanto como Lleras Camargo. Lo cual no hace nada distinto que refrendar las eximias calidades de nuestro compatriota.

Se anuncia la salida del libro titulado Jacqueline Kennedy – conversaciones históricas sobre la vida con John F. Kennedy, obra en la que se recoge el diálogo que tuvo ella en 1964 con Schlesinger (fallecido en el 2007). Estas revelaciones se habían mantenido guardadas, y ahora se dan a la luz pública con autorización de Carolina, la hija a de los Kennedy. El solo hecho de anticiparse la referencia que la viuda de Kennedy da sobre algunas figuras mundiales, ha causado revuelo y por supuesto impulsará una voluminosa venta del libro.  

Veamos algunos de esos conceptos. Sobre el escritor André Malraux: “Es el hombre más fascinante con el que he hablado”. Sobre el presidente francés Charles de Gaulle: “Un hombre arrogante y ególatra”. Sobre Indira Gandhi: “Una mujer seca y prepotente”. Sobre Martin Luther King: “Un hipócrita moral”. Al saber que King, que estaba casado, era un mujeriego impenitente, sintió fuerte repulsa hacia él.

Otro historiador con el que Jacqueline habló es William Manchester (fallecido en el 2004). Algunos temas de esta entrevista están consignados en La muerte de un presidente, pero otros, por prohibición del historiador, solo pueden divulgarse cien años después de la muerte de Kennedy. Estas confesiones están con las máximas medidas de seguridad para resguardar los secretos que contienen. Por lo pronto, se sabe que a pesar de las aventuras amorosas de su esposo, en la entrevista con Schlesinger no hay amargura ni resquemor. Por el contrario: hay elogios hacia el héroe de Dallas, así fuera en ocasiones un mal marido.

Cuando una mujer habla, hay que tenerle respeto. Hay mujeres calladas, dulces y discretas, como Jacqueline Kennedy, capaces, sin embargo, de decir grandes verdades. En este caso, las dice ella después de muerta, lo cual es mucho más temible. Hay silencios en vida que se vuelven resonantes con la llegada a la tumba. 

El mito de Jacqueline crece con los años. Los norteamericanos ya se olvidaron del deterioro que sufrió su imagen con motivo de su matrimonio con Aristóteles Onassis, una pesadilla que ha borrado el paso del tiempo, el mejor cicatrizante de las asperezas de la vida. Para ellos dejó de existir Jacqueline Onassis, y hoy, 17 años después de muerta, vive de nuevo en el corazón de su gente como la deidad que no puede desvanecerse. Su nombre recobrado, Jacqueline Kennedy, está grabado en la gran reserva de agua del Central Park. Y sus restos están sepultados al lado de su primer esposo. Toda una leyenda.

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