Por: Nicolás Uribe Rueda

Hablando con franqueza

Desde este semana, más de ocho millones de estudiantes en todo el territorio nacional no tienen clase por cuenta de la decisión de Fecode de iniciar un paro indefinido de maestros. El Gobierno, a través de la ministra Parody, salió de manera firme a enfrentar la situación y hábilmente extendió la discusión a asuntos que van más allá del pliego de peticiones que generó el cese indefinido de funciones.

Entre los asuntos que puso en la mesa, la ministra planteó la necesidad de discutir sobre la calidad de la educación, los sistemas de evaluación y la deficiente prestación del servicio de salud de los docentes. En materia salarial se dijo que nadie en el Gobierno ponía en duda la necesidad de un aumento y que de hecho en las negociaciones que precedieron el paro había sobre la mesa una oferta para incrementar el 10% durante los próximos cuatro años. Esto es bastante, aunque parezca poco frente a las aspiraciones de los profesores. Ya veremos si en la actual coyuntura económica al Gobierno le dan las cuentas para hacer ofertas superiores a las realizadas cuando llegue el momento de levantar el paro.

Pero las dificultades de la educación en Colombia son mucho más complejas que las reivindicaciones sindicales de Fecode, y resulta por lo menos contradictorio dejar sin clases a millones de niños mientras se dice defender la prestación de un buen servicio. No sólo es correcto privilegiar el derecho de los niños a educarse sobre la protesta de algunos profesores, sino que hace bien el Gobierno en plantear incrementos salariales atados a mejoras en la calidad del servicio. Los recientes índices sintéticos de calidad que publicó el Ministerio son francamente deplorables, pues en todos los niveles educativos hay puntajes inferiores a seis, en una escala de uno a diez. Entendiendo que los maestros no son los únicos responsables y que la calidad de la educación responde a múltiples causas, actores y factores, lo que corresponde en momentos de dificultad no es que Fecode convoque paros, sino que promueva reflexiones que permitan contribuir a dar un salto en la calidad de nuestra educación. Pedir aumento sin condiciones, después de tan decepcionantes resultados en las evaluaciones de calidad, equivale a que un niño pida premio luego de haber perdido el año.

Pero también valdría la pena que este paro fuera la oportunidad para reformar la prestación del servicio de salud a los maestros, quienes son víctimas de la ineficiencia y mala calidad de un esquema de prestación que sólo responde a perversos incentivos. Pese al mal servicio, un maestro no puede cambiarse de EPS, cuenta con pobre cobertura y una asistencia francamente deplorable. Además, no son pocas las voces que denuncian corrupción y afirman que el sistema de salud del magisterio está capturado por la politiquería y toda clase de conductas ilegales.

Así las cosas, lo que conviene es que de este paro no sólo salga un apretón de manos y un incremento salarial sin condiciones, sino un acuerdo entre Gobierno y magisterio que les sirva a los niños colombianos y que reivindique el papel de los maestros como actores fundamentales en la construcción de un país más equitativo y con mejores oportunidades.

 

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