Por: Piedad Bonnett

Hablemos de pertinencia

A veces una golondrina sí hace verano. Bien puede ser el fundador de una revista que sostiene su proyecto con tenacidad y visión; o el editor que se lanza a la aventura de publicar lo que le gusta; o el gestor que logra mantener un museo, un periódico, un teatro, un club de lectura, y que, mientras forma públicos, transforma su barrio, su aldea, su ciudad. A esta rara especie pertenece Adriana Martínez, la periodista que, llevada por el amor, llegó a Grecia hace 20 años —donde tuvo sus hijos colombogriegos—  y un día decidió crear un festival de literatura hispanoamericana y portuguesa que propiciara el conocimiento de nuestras culturas en ese país.

A LEA asistí una vez, el año pasado, y pude comprobar su organización, su poder de convocatoria y el nivel de sus invitados, entre los que se contaban Leonardo Padura y Javier Cercas. Fue emocionante ver la sala repleta de griegos que atendían a las charlas gracias al trabajo muy profesional de los intérpretes, y compraban los libros de los escritores que las editoriales griegas han decidido publicar. La velada de poesía está a cargo del formidable poeta español Juan Vicente Piqueras y un taller de traductores de poesía publica todos los años a un autor. En ese pequeño país, hasta hace poco postrado por la crisis económica, los organizadores trabajan con las uñas. Adriana Martínez, su directora, ha contado en los 11 años que lleva LEA con el apoyo de las embajadas, que contribuyen con los pasajes; y con instituciones como el Instituto Cervantes y Acción Cultural Española o empresas como Air France. El presidente del festival es el reconocidísimo Petros Markaris, un veterano escritor y traductor; y Colombia cuenta con el apoyo irrestricto de un personaje increíble, el señor Michalis Skoufalos, cónsul honorario de Colombia (Grecia no tiene embajada y depende del embajador en Italia), quien de su propio bolsillo ayuda a financiar a los invitados colombianos.

Fue a este festival al que este año estaba invitado el profesor José Fernando Rubio, experto en lenguas indígenas, al que Gloria Ramírez —embajadora en Italia y antigua asesora de comunicaciones de Óscar Iván Zuluaga y el presidente Duque— le negó el patrocinio, aduciendo primero que “no estaba bajo las líneas de pertinencia de este gobierno”, y con la sugerencia, después, de que invitaran a Mauricio Vargas en vez del profesor Rubio. En el rifirrafe que desencadenó hubo incluso un momento en el que prohibió que apareciera el escudo de Colombia en el programa. Esta representante de nuestra diplomacia explicó a los medios, en carta elusiva y plagada de errores ortográficos, que no se trató de un veto político, sino de recorte presupuestal del gobierno colombiano.

La ministra de Cultura escribió hace poco: “trabajamos con artistas y gestores para que (…) puedan encontrar una oportunidad de desarrollo social y económico gracias a las políticas de cultura, territorio y economía naranja”. Un párrafo confuso, pero cuyo sentido último no pareciera encajar con lo que la embajadora decidió hacer con LEA. ¿Divulgar nuestra literatura, nuestra música y nuestro cine en un festival consolidado no tiene nada que ver con la economía creativa que llaman naranja? ¿O es que no hemos entendido nada?

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