Por: Iván Mejía Álvarez

Hablen maestros

Comillas: "La superioridad del Barcelona fue manifiesta y exteriorizada al mundo entero. Ellos tienen algo que el Madrid no tiene. El equipo blanco jugó acorralado ante un rival que dominó el medio del campo durante todo el partido. El Barcelona hace fútbol y baile, el Real Madrid iba y venía constantemente".

Siguen las comillas: “Los medios del Barca, Xavi, Iniesta y Sergio dormían hasta las ovejas pasándose la pelota con maestría, cortita y al pie. Los éxitos del Barca son producto de una mentalidad atacante, de una sabiduría que va madurando. Resulta evidente que el Barcelona es superior al Madrid. El fútbol del Barça no se mira con los ojos sino con el alma. Trabajan la pelota con respeto, admiración, casi mimándola. Ver este equipo en acción es un deleite para todos”.

Vuelven y juegan las comillas: “El Madrid fue un equipo sin personalidad e intentar armar las jugadas ofensivas basadas en el contraataque no es la forma más apropiada para sorprenderles”.

Estas frases entrecomilladas las ha escrito este domingo en Marca nada menos que Alfredo Di Stéfano, presidente honorario del que en una época, en blanco y negro, fue el mejor club del mundo y el ganador de nueve Champions, antiguamente Liga de los Campeones. Es, por lo tanto, un testimonio irrebatible de alguien con el corazón merengue pero respetuoso de lo que es el hoy del fútbol español y por ende mundial, pues Real y Barça son los dos mejores equipos del mundo.

A don Alfredo no le gustó lo que vio por una razón sencilla: estuvo enseñado a ver al Madrid como un grande que pone condiciones, que dicta los derroteros de los partidos, que brinda espectáculo y que gana en su feudo. Y vio otra cosa: un conjunto “chiquito”, muerto de miedo, agazapado, cediendo la pelota —Barça, posesión del 73%; Madrid, posesión del 27%— que en el Bernabéu jugó como cualquier Almería, Zaragoza, Valladolid o Málaga, como cualquiera de los coleros, sin la grandeza que implica haberse gastado 400 millones de euros para equiparar al Barça y no conseguirlo, pues ocho puntos en la Liga parecen irremediables. Un punto de seis en el enfrentamiento directo en la Liga.

Más comillas: “Para jugar en casa con siete defensores has de tener mucho miedo y el Bernabéu no perdona planteamientos así a sus técnicos. Miedoso, pero listo, así es Mourinho. Es un entrenador de títulos, no de fútbol”. Lo dice Johan Cruyff y por lo tanto hay que tomarlo con beneficio de inventario pues el holandés es el “modelo” de los culés.

Un sueldo de 12 millones de euros por año, la mejor nómina del mundo, la más cara y la más amplia, para intentar ganar al Barcelona y terminar en el recurso de no podar el césped; encerrarse y hablar, hablar y hablar, antes, durante y después de los partidos, de los árbitros, de los directivos, de los calendarios, de los periodistas. Parece muy poco para el lusitano, menos aún, para el madridismo. Por menos, pero ganando, echaron a Capello.

 

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