Por: Columnista invitado

Hace un año

Fabio Suescún Mutis*

Sería un desperdicio histórico si la imagen y las enseñanzas del papa Francisco se hubieran ido sobre las alas del avión de regreso a Roma. Hace un año los colombianos recibimos este maravilloso regalo: tener con nosotros y entre nosotros al pastor de la Iglesia universal. El papa desde un principio se interesó por la suerte de un país agobiado por la violencia y sus daños colaterales. Se ofreció a colaborar a hacer cuanto estuviera de su parte para ser solidario en caminos de esperanza.

De ahí que lo esperamos dispuestos a dar con él “el primer paso” hacia una convivencia reconciliada.

El papa Francisco vino a acercarnos a Jesús, como misionero de la buena noticia del amor de Dios. Traía en su conciencia el deber de padre y pastor de reafirmar los esfuerzos para una reconciliación nacional que alejara la violencia, la muerte, la injusticia. Sabía que debía dar su aporte desde la enseñanza de Jesús, más allá de cualquier interés de grupo. La paz es para todos y un bien al cual todo ciudadano tiene derecho.

En la Plaza de Bolívar de Bogotá, en su primer saludo a los colombianos y en presencia de miles de jóvenes, el santo padre deseó la paz y manifestó el triple propósito de su visita:

1) “Quise venir hasta aquí como peregrino de paz y de esperanza”.

2) “Vengo también a aprender de su fe, de su fortaleza ante la adversidad”.

3) Quiero compartir con ustedes la verdad más importante: que Dios nos ama con amor de padre y nos anima a seguir buscando y deseando la paz. Aquella paz que es auténtica y duradera”.

Quienes creemos y seguimos a Jesús debemos encontrar la dicha en ser trabajadores y constructores de paz. El amor verdadero lleva a apartar lo que causa malestar en la convivencia ciudadana y a acoger todo lo que restaura los vínculos resentidos o destruidos por la hostilidad no superada y que se vale de la violencia y el terror para imponer la propia voluntad e ideología.

El “primer paso” consistía en colocar una semilla de perdón y reconciliación para seguir avanzando en un camino que no es fácil. Consolidar un ambiente de paz lleva tiempo, exige paciencia y perseverancia. Debe beneficiar a todos y es obra de todos.

De manera precisa el papa fue desarrollando el tema de una mejor y estable convivencia social. Vino a encontrarse con nosotros para que nosotros, fortalecidos por Dios, nos encontremos en sana y pacífica armonía.

Reafirmó el papa Francisco su constante invitación a instaurar “una cultura del encuentro”. Lo había dicho en la Universidad del Cairo en abril de 2017: “la única alternativa a la barbarie del conflicto es la cultura del encuentro”.

En la Plaza de Bolívar dio una definición de la cultura del encuentro: “cultura del encuentro es saber que más allá de nuestras diferencias, somos todos parte de algo grande que nos une y nos trasciende, somos parte de este maravilloso país”. Lo contrario al encuentro es la distancia, la exclusión, la indiferencia, la polarización y en una palabra, es el pecado que lleva a la división, a mantener conflictos no superados, al descarte y a la corrupción.

El cambio de cultura pide necesariamente constancia. No basta con el propósito de dar el primer paso, hay que dar los pasos siguientes para evitar la parálisis o el retroceso: “Cuanto más difícil es el camino que conduce a la paz y al entendimiento, más empeño hemos de poner en reconocer al otro, en sanar las heridas y construir puentes, en estrechar lazos y ayudarnos mutuamente” (Bogotá, encuentro con las autoridades, 7 de septiembre 2017).

Se trata, dice el papa Francisco, de un proceso histórico que ha de tocar el corazón del pueblo, su inteligencia, su forma de relacionarse, de ver la vida, de seguir principios de comportamiento.

Es un camino de encuentro fraterno y reconciliador que, aunque largo, está lleno de esperanza y fundamentado en la verdad, la justicia y la paz. (Cf. Encuentro de reconciliación nacional, Villavicencio, 8 de septiembre de 2017).

Cuando se recuerda la visita esperada y gozada del papa Francisco, hace un año, surge una pregunta lógica: ¿qué tanto ha calado y sigue calando su imagen y su enseñanza?

Da la impresión que al no superarse las divisiones y enfrentamientos políticos, para muchos se trató de flor de un día.

La acertada orientación del santo padre, su clara invitación a construir una cultura del encuentro, no se puede desperdiciar. Hay que retomar con entusiasmo la orientación del papa; hay que dar otros pasos hacia adelante. Aquí es bueno tener en cuenta que recordar es vivir, o, mejor, revivir.

* Obispo castrense de Colombia.

 

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