Por: Mauricio García Villegas

Hacer creer es una cosa seria

REFIRIÉNDOSE A UN MÉDICO INDÍGEna del Amazonas, Levi-Strauss dijo alguna vez lo siguiente: “El chamán Quesalid no era un gran médico porque curaba a sus enfermos, sino que curaba a sus enfermos porque era un gran médico”.

Con esto quiso decir que la veneración del paciente por el chamán era parte esencial de su cura. Pienso en eso cuando leo la última columna de Alejandro Gaviria titulada “Sociología antiuribista”, en la que descalifica la importancia que tienen las manifestaciones públicas de fe católica que, con motivo de la liberación de Íngrid, ha hecho el presidente Uribe. Para Gaviria, ese camanduleo presidencial, que tanto atrae la atención de columnistas y periodistas, no tiene mayor importancia, es obra de sociólogos livianos y distrae de aquellos asuntos que son verdaderamente fundamentales, como la iniquidad tributaria, el estado de derecho o la modernización del país.

 Alejandro tiene razón en atacar la desviación idealista que consiste en decir que el mundo avanza al ritmo de las imágenes y creencias que promueven algunos de sus intelectuales, sacerdotes, sociólogos y abogados. La sociedad y las instituciones no están hechas a imagen y semejanza de sus mejores ideas, como pensaba Hegel: ni la iglesia es simplemente la materialización de nuestras creencias religiosas, ni el Congreso lo es de nuestras convicciones políticas, ni el Reinado Nacional de Cartagena de nuestra percepción de la belleza femenina.

Sin embargo, en su crítica al idealismo, Gaviria parece caer en la desviación contraria, es decir, en la desviación materialista, que consiste en pensar que las ideas son un mero subproducto de la realidad y que lo que verdaderamente jalona el mundo no son las creencias o los valores, sino las relaciones económicas. En eso comparte –seguramente a su pesar– la opinión de Karl Marx cuando dijo que “No son las ideas del hombre lo que determina su existencia sino su existencia social lo que determina sus ideas”.

Desafortunadamente para los académicos –incluso para los buenos académicos como Alejandro Gaviria– las cosas no son tan simples como Marx o Hegel pensaban. Entre las creencias y las condiciones materiales hay una influencia recíproca constante, de tal manera que, a la postre, es muy difícil establecer quién determina a quién. Lo material tiene tanto de ideal como las ideas tienen de material. La sociedad es eso, una mezcla compleja de ideas, creencias, prácticas y condiciones materiales. Por eso es tan difícil pasar todo análisis social por el tamiz de los números, o de la demostración empírica (por eso también, claro, se dice tanta bobada, impunemente, en el análisis social).

Por todo esto, no me parece irrelevante que el presidente de un país que proclama la libertad de cultos y la separación de la Iglesia y el Estado, suspenda una intervención pública para rezar el padrenuestro, dé gracias a Dios cuando le salen bien las cosas y le pida a cardenales y obispos que le sirvan de intermediarios para calmar la ira que le causan los jueces de la República. En Colombia la gente no sólo cree en Uribe, sino también en todo lo que Uribe dice y cree –o al menos en lo que dice creer– incluida la Iglesia Católica, el padre Marianito y que Dios le tiende una mano cuando él la necesita.

Yo no sé si el Presidente realmente cree en lo que dice creer, pero estoy seguro de que sabe que creer eso es útil políticamente. En eso comparte la opinión de John Knox cuando dijo que “un hombre con Dios de su parte, siempre está en mayoría”.

Definitivamente todos deberíamos aprender sociología de los políticos y de los publicistas que los asesoran.

* Profesor de la Universidad Nacional e investigador de Dejusticia

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