Por: Felipe Jánica

Hacer lo correcto… Semejante problema    

Aún no salimos del asombro de los casos de corrupción ya conocidos cuando nos enteramos de otro. Lo cierto del caso con todo esto del personaje de la JEP al igual que con lo del fiscal de anticorrupción y los penosos hechos que aún se siguen investigando con la contratación de la modernización de nuestra pobre infraestructura, es que no hemos sido capaces de hacer lo correcto. Y digo que no hemos sido capaces es porque el Estado no ha sido capaz de manejar la causa raíz en los temas de corrupción. Recordemos que el Estado somo todos y de alguna manera, por supuesto mínimo, los ciudadanos debemos ser coadyuvantes para la minimización de eventos de esta naturaleza.

Es cierto que desde casa nos enseñan a hacer lo correcto. Siempre nos enseñaron lo básico, es decir a no hacerle mal a nadie. Esto se refuerza por supuesto con una formación religiosa en donde nos recalcan la importancia de seguir los mandamientos divinos. A esto le sumamos una educación básica que modela y refuerza estas enseñanzas. Sin embargo, cuando nos enfrentamos a la realidad, el resultado viene siendo otro. Con algo tan sencillo como saber hacer una fila y no colarse, empieza a quebrar esos años de enseñanza. Si pareciera tan obvio que comportarse bien es bueno entonces porqué seguimos insistiendo en hacer lo incorrecto.

Mucha literatura científica hay al respecto. Ponerme a hacer referencia de ella llevaría más de una columna de opinión y finalmente ese no es el objetivo. Lo que puedo compartir de ello es que una de las génesis del comportamiento humano tiene que ver con los debates filosóficos de Kant y Aristóteles en donde definían la ética desde dos puntos de vista. Uno, el de Kant que es el Denteológico, en palabras sencillas en hacer lo correcto y otro el de Aristóteles el Teleológico, es decir que el fin podría justificar el medio si ese fin es correcto. De ahí se han tenido toda suerte de investigaciones que se unen definitivamente con el comportamiento humano.

Definitivamente debo decir que la aproximación de hacer lo correcto será siempre la más difícil. Lo cierto del caso es que no puedes ser imposible si se pone en práctica una estructuración de Estado sobre ese pilar. Ponerlo en práctica será difícil porque tomará más de cinco décadas y para cuando funcione correctamente ya nadie se acordará de ese líder que abanderó el cambio y como a los políticos no les interesa el largo plazo sino su vida política creo que pocos se le medirán a tan semejante lío. La esperanza entonces es porque no esperemos a que alguien nos imponga un cambio. Debemos los ciudadanos empezar a comportarnos con aquello que nos enseñaron en casa. Solo con eso podremos trascender positivamente a una sociedad ávida de cambios.

Si seguimos en el juego de criticar en lugar de contribuir a cambio seremos presos del juego de las redes sociales. Ir más allá de lo obvio es a lo que estamos llamados a ser. Por su parte será la justicia la que bien juzgue a estos delincuentes. Hasta que no exista una restructuración de la justicia local poco podremos hacer o empujar por las redes sociales. Sé que el mensaje ayuda alimentar odios, pero recordemos que el que en lo humano no cabe la perfección. Lo que sí está bajo nuestro control es el comportarnos bien y para la muestra varios botones: No justifique cuando se cuela en una fila (a pie o en carro), dé el paso a un peatón, si es ciclista recuerde que también debe respetar las señales de tránsito, si es motociclista no juegue con su vida haciendo culebrillas y pasándose por la derecha. En fin, ejemplos hay muchos, así que en lugar de criticar y de alimentar sus odios, empiece por hacer pequeños cambios en su comportamiento y verá que se sentirá mejor.

 

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