Por: Fernando Araújo Vélez

Hacha y machete

Las historias de tragos del abuelo siempre terminaban por expandirse en la ciudad.

Eran rumores que se metían en las cocinas, en los patios, en las habitaciones de alquiler y en las plazas de mercado, pero nunca se atrevían a inmiscuirse entre las conversaciones de los grandes señores. O, por lo menos, no en sus salones. Allí todos eran respetados y respetables y se hablaban en tonos mesurados, incluso Joaquín F. Vélez y el abuelo Dionisio Epifanio, quienes a fin de cuentas y dijeran lo que dijeran, eran hermanos de sangre y en asuntos de estado y de negocios tiraban para el mismo lado. Por eso no era extraño encontrarlos casi todas las tardes en el Camellón de los Mártires, allí donde los vieron juntos por última vez recién entrada la noche del 8 de diciembre de 1876, una noche que había amanecido dos días antes en los fondos de una destartalada casona de Jimaní con una conversación banal entre dos hombres de pueblo que con las frases y las ideas se fueron entusiasmando de locura.

A Estevan Camargo y Eleuterio Polo los unía el resentimiento contra la aristocracia de aquellos años. Solían reunirse en las tardes para hablar de política y de sus trabajos, de mujeres y el vecindario, y sobre esos asuntos habían comenzado a charlar el 6 de diciembre. Sin embargo, la distraída mención de un Vélez provocó la ira de Camargo y, después, la absurda idea de reventarlos a todos al día siguiente a punta de hacha y machete. Por segundos se sintieron héroes aclamados por la multitud tantos años humillada. No más jornadas de 15 horas a pleno sol ni más privilegios para los de siempre, no más curas adornados con anillos de oro ni más mujeres de sombrillas parisinas y vestidos de chiffon. ¿Y por qué no lo hacemos? No sé, Estevan, ya eso es otra cosa. Pero es lo que estábamos diciendo, llamemos a Severo y a Venancio. No, no, ya esto es una locura. Y bueno, mientras más locos, mejor. ¿De verdad tú crees que podríamos? Hombre, sólo es que empecemos y verás al pueblo por fin unido. ¿Y cómo sería? Como han sido todas las revueltas en este país, sangrientas y sin mayores ideologías. No sé, compadre, pa qué revolver lo que ya se calmó. Es que no me has entendido, aquí lo que menos importa son los partidos, hay que bajar a los oligarcas pa que sepan que no siempre pueden hacer lo que les da la gana. El 8 de diciembre sobre las cuatro de la tarde, Camargo y Polo se encontraron en la plaza del mercado. Entonces comenzó la venganza contra don Joaquín F., don Dionisio Epifanio y todos los demás Vélez que hubiera regados por Cartagena. Hubo sangre, muerte, heridos, gritos y dolor, pero sólo un Vélez cayó.

 

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