Por: Iván Mejía Álvarez

Hacia adelante

Una hora antes del amistoso contra la suplencia de Camerún todo parecía indicar que el fracaso económico para la Federación sería mayúsculo. Al final del juego, con la victoria y la asistencia del público, todo terminó en un éxito rotundo, en lo crematístico y en lo deportivo.

Los dirigentes no perdieron dinero. Barranquilla se sobró, pues volvió a acompañar y respaldar, y el técnico Pékerman se fue feliz porque comprobó que en el fondo del armario hay ropa para vestirse muy bien.

Cómo han cambiado las cosas en tan solo cuatro meses. De la incredulidad colectiva tras la derrota ante Ecuador, al exitismo del momento, respaldado en nueve puntos muy bien conseguidos, muy bien jugados y un panorama ampliamente prometedor por el juego y por la estabilidad emocional que significa para el señor Pékerman haber encontrado el equipo, saber que tiene muchas variantes y que dispone de material para salir adelante. El entorno también ha variado y hoy solo se respira buen ambiente.

Pékerman tiene todo el derecho a cobrar y todavía está latente su frase después de la derrota ante Ecuador: “Este equipo va a clasificar, no duden de estos jugadores”. Muy pocos creímos en sus palabras tras la pésima salida ante los vecinos y él hoy tiene derecho a pasar la factura.

Cómo ha hecho para que estos mismos jugadores que hace pocos meses no hacían goles, no tenían confianza en sí mismos, se veían angustiados con la camiseta de la selección y eran displicentes en su trabajo, hoy se vean tan fuertes, entusiasmados, potentes y ganadores? El único que tiene la respuesta es el director técnico, dueño hoy de toda la verdad y dispuesto, como Bielsa en su momento, a trabajar solo con su “librito” y su equipo.

La evolución en lo anímico pertenece a la reserva del sumario y permanece allá adentro de la concentración. Solo ellos saben qué les ha dicho, cómo los ha estimulado, qué les ha prometido.

El cambio en lo táctico pasa por un concepto muy claro: equilibrio. La pelota se usa para atacar, para ir hacia el arco adversario. La presión es necesaria para recuperar la bola adelante y arrancar el viaje ofensivo. El concepto de “tenencia para desgastar”, presionar para “cerrar espacios”, es cosa del pasado. Volvió el juego con uno o dos creativos y ya no hay volantes externos dedicados a perseguir rivales. Hoy les llegan centricos, como pedía Maturana, a los de punta y ellos la meten sin compasión. Pero en defensa hay equilibrio táctico y no se regalan.

Cómo han cambiado las cosas.

 

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