Por: Augusto Trujillo Muñoz

¿Hacia dónde va el estado de derecho?

La Academia Colombiana de Jurisprudencia llamó la atención del país frente a lo que percibe como una tendencia desinstitucionalizadora.

Confrontación entre autoridades públicas, agresiones verbales entre altos funcionarios, incumplimiento de compromisos por parte de ministros, comunicados de prensa de altos magistrados incitando a desconocer sentencias judiciales. Es un escenario de conflictos y hostilidades apenas comparable con el que incubó el fenómeno conocido como “La Violencia” a mediados del siglo anterior.

Todos esos episodios constituyen ejemplos que estimulan la polarización ciudadana. Es increíble. Una sociedad heterogénea y plural que, por lo mismo, necesita construir consensos mínimos resulta inducida, por su propia dirigencia, hacia la colisión de intereses. No es así como se abona un sistema democrático que debe basarse en el principio de la unidad en la diferencia.

Colombia nació en medio del derecho. Inició su andadura republicana con los sucesos de 1810, que no fueron producto de hazañas bélicas sino de movilizaciones civiles. Antes que por ejércitos, aquella historia fue escrita por cabildos. No es gratuito que su devenir la haya convertido en un país de juristas. Es, por lo menos, insólito que alguien,  titular de una magistratura, se distancie del comportamiento cabal de un juris-prudente.

El derecho es lo que dicen los jueces –expresa la Academia en su declaración- pero los jueces no pueden decir lo que quieran. Están sujetos a reglas y principios con capacidad para evitar que el ejercicio hermenéutico termine sometido a la racionalidad subjetiva del intérprete. El control de constitucionalidad, que se ejerce sobre temas de naturaleza política, debe circunscribir su debate al ámbito jurídico y sus decisiones también. 

Nadie imagina a ninguno de los miembros de las Cortes Admirables de los años treinta, o sesenta u ochenta, por ejemplo, emitiendo juicios por los medios de comunicación y controvirtiendo una sentencia a través de un comunicado de prensa, como ocurrió la semana anterior en la Corte Constitucional. La magistratura impone responsabilidades, mesura, circunspección y prudencia. 

El Consejo Superior de la Judicatura acusa  unos factores de crisis frente a los cuales el ministro de Justicia expresó la preocupación del gobierno. Entre los mismos líderes de opinión resultan quiénes cambian la crítica objetiva por artículos escritos con antipatía visceral. Basta leer ciertos comentarios de lectores de las ediciones virtuales de prensa, para entender que el país está bordeando una frontera explosiva.

Quien esto escribe formó parte del Congreso, pertenece a la Academia y es conjuez de la Corte Constitucional. Guarda afecto por las tres corporaciones y profesa respeto por sus miembros. Pero le preocupa –como a la Academia- el deterioro de la legitimidad y la falta de sintonía entre las instituciones y la gente. Así comienzan los procesos de menoscabo institucional que producen efectos deletéreos sobre el Estado de Derecho.

Profesor universitario, @inefable1

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Augusto Trujillo Muñoz

Clientelismo impenitente

La universidad pública

Deber moral y deber legal

¿Bomba pensional?

No es facil, pero tampoco imposible